Donald Trump: “La situación sigue representando una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. Donald Trump: “Las políticas, prácticas y acciones de ese Gobierno constituyen una ‘amenaza inusual y extraordinaria’ (…) para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. Dos frases prácticamente iguales, pronunciadas con años de diferencia y sobre dos países distintos. En la primera se refiere a Venezuela; en la segunda, a Cuba. El líder venezolano, Nicolás Maduro, fue capturado por las fuerzas estadounidenses en enero de este año y está en una cárcel estadounidense por cargos relacionados con el narcotráfico. El gobierno castrista sigue en el poder. La pregunta es: ¿hasta cuándo? El presidente estadounidense lleva meses avisando de que Cuba sería “la siguiente” en la lista de prioridades estratégicas de Washington, después de las intervenciones militares en Venezuela e Irán. “Quizás visitemos Cuba después de terminar con Irán”, aseguró el mandatario la semana pasada. “Caerá muy pronto. Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, había dicho unos días atrás. Trump insiste en que puede hacerlo por las buenas o por las malas. Una vez más, unas palabras muy parecidas a las que adoptó antes de la captura de Maduro. Pero, esta semana, los paralelismos han ido más allá de la retórica. Washington justificó la operación militar en el país caribeño por la investigación abierta en 2020 contra el líder venezolano por supuesto narcotráfico. Este miércoles, el expresidente cubano Raúl Castro fue acusado de asesinato y conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. Un proceso judicial que lleva gestándose 30 años, cuando el hermano menor de Fidel Castro era ministro de Defensa. Según las autoridades, tuvo una participación directa en la orden de derribo de los aviones que formaban parte del grupo cubano-americano y anticastrista. Los cargos contra Maduro y Castro son diferentes, pero la manera de utilizarlos como herramienta política puede ser muy similar. Desde la Casa Blanca, la captura del líder venezolano fue descrita como una operación policial. En el caso del cubano, esta podría ser la justificación para llevarlo ante la justicia estadounidense. Estos argumentos se inscriben en una narrativa más amplia de que la isla es un riesgo para la seguridad nacional, por considerarla un Estado fallido y por la amenaza migratoria. El propio secretario de Estado, Marco Rubio, ha pasado de poner el foco en el cambio económico a centrarse en el cambio político. El alto funcionario de origen cubano insistió recientemente en que la isla comunista es una amenaza para el país y apoyó las posturas de otros miembros de su gabinete sobre el peligro de que La Habana mantenga vínculos con Moscú y Pekín. Habló directamente, pero sin entrar en detalles, sobre la necesidad de deshacerse de los líderes cubanos. Si quedaban dudas sobre la relación que ha tejido Washington entre el caso de Maduro y el de Castro, el propio Donald Trump se encargó de solventarlas. “La acusación y destitución de Maduro enviaron un mensaje claro a sus aliados socialistas en La Habana: este es nuestro Hemisferio, y quienes lo desestabilicen y amenacen a Estados Unidos enfrentarán consecuencias”, dijo este miércoles. El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, también mencionó el caso venezolano en su visita a La Habana la semana pasada, donde advirtió que las condiciones y exigencias del presidente estadounidense debían tomarse muy en serio. Pero, a pesar de las similitudes, una operación al estilo venezolano puede ser hasta demasiado extrema en el caso cubano. Primero, Raúl Casto no ostenta actualmente ningún cargo oficial en la nomenclatura castrista, por lo que su eventual captura no alteraría el equilibrio en el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. Además, la imagen de un hombre de 94 años esposado y con una venda en los ojos puede ser más difícil de vender como dentro y fuera de EEUU. Las negociaciones, aunque de forma tímida, continúan. Varios funcionarios han mantenido conversaciones con altos cargos del Gobierno cubano para intentar avanzar hacia el fin del castrismo en la isla de forma pacífica. Algunos han asegurado que están buscando a la “Delcy cubana”, en referencia a la líder interina venezolana y su cooperación con Washington tras la operación militar. “El objetivo de EEUU ha sido provocar un cambio político sin recurrir al uso de la fuerza. La idea era hacerlo a través de la intimidación y las amenazas, como la captura de Maduro. Pensaban que eso sería suficiente para sacudir el Gobierno cubano y llevarlo a la mesa de negociaciones. Pero eso no ha sucedido”, explica Christopher Sabatini, director del programa de América Latina del think-tank Chatham House, en entrevista con El Confidencial. “Además, la ‘opción Delcy’ es más complicada en Cuba porque el castrismo está muy integrado en el Estado, no está tan fracturado como el de Venezuela, y es más difícil de descabezar”, añade. EEUU, atrapado en su 'lógica de escalada' La puerta sigue abierta para negociar, pero varios informes apuntan a que los asesores del presidente estadounidense están cada vez más frustrados porque la campaña de presión no ha logrado que los líderes cubanos acepten reformas económicas y políticas significativas. La opción militar se está considerando. "La idea inicial sobre Cuba era que el liderazgo era débil y que la combinación de una mayor aplicación de las sanciones, prácticamente un bloqueo petrolero, y las claras victorias militares de Estados Unidos en Venezuela e Irán asustarían a los cubanos y los obligarían a llegar a un acuerdo. Ahora Irán ha cambiado de rumbo y los cubanos están demostrando ser mucho más duros de lo que se pensaba. Así que ahora la acción militar está sobre la mesa de una forma que antes no lo estaba”, afirmó una fuente familiarizada con las conversaciones en la Casa Blanca, a POLITICO. Hay varias señales que hacen temer una escalada. Los vuelos de reconocimiento sobre Cuba, los mismos que se realizaron en Venezuela e Irán antes de las acciones militares, aumentaron en las últimas semanas. Por otro lado, el medio estadounidense Axios informó que Cuba habría adquirido cientos de drones militares y habría discutido cómo utilizarlos en caso de que estallaran hostilidades entre Washington y La Habana. Algunos analistas han interpretado este informe como otra manera de justificar un ataque militar contra la isla. El presidente Díaz-Canel escribió el lunes en X que la agresión militar estadounidense contra Cuba "provocaría un baño de sangre de consecuencias incalculables". El Gobierno estadounidense podría verse atrapado en una lógica de escalada de la que puede ser difícil escapar después de sus intervenciones en Venezuela e Irán. “No estoy seguro de que la Casa Blanca sepa hacia dónde va esto, ni creo que estuviera en sus planes”, sostiene Sabatini. “Creo que pensaban que sería algo rápido y fácil: la gente protesta, el gobierno colapsa y ellos intervienen. O que el gobierno hiciera una serie de concesiones significativas. Ninguna de esas cosas ha ocurrido”, subraya. Una gran parte de los recursos militares de Washington está comprometida con la guerra de Irán, y es posible que la administración Trump no quiera iniciar otra situación que pueda convertirse en complicada. “Pero esto no significa que no pueda ocurrir algo”. En el caso de Venezuela, el Ejército estadounidense desplegó antes del ataque militar una docena de buques de guerra, el portaaviones Gerald R. Ford, aviones de combate y cerca de 15.000 soldados. Esto no sería necesario para una hipotética operación en Cuba, a poco más de 140 kilómetros de Florida. En este estado se encuentran además varias instalaciones militares estadounidenses, como el cuartel general del Comando Sur, que supervisa las actividades estadounidenses en América Latina y el Caribe, y el Comando Central de Estados Unidos, responsable de las operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio. Sin embargo, Trump sugirió a principios de mes que los buques de guerra, aviones y miles de soldados estadounidenses podrían hacer escala en las cercanías de Cuba a su regreso de Oriente Medio. Estas declaraciones sugerían que esto sucedería una vez alcanzado un acuerdo de paz que todavía no se ha materializado. EEUU ha seguido enviando señales a pesar de todo. El Ejército anunciaba este jueves la llegada del portaaviones USS Nimitz, con F/A-18E Super Hornets, EA-18G Growlers y C-2A Greyhounds embarcados; los destructores USS Gridley y el USNS Patuxent, y un buque cisterna de reabastecimiento en alta mar de la clase Henry J. Kaiser. Al igual que ha pasado en Irán, es probable que Donald Trump descarte el despliegue de tropas terrestres e inicie la operación con ataques aéreos. Estos podrían atacar objetivos en la isla, como los aeródromos de la fuerza aérea cubana. Cuba cuenta con un total de ocho aviones de combate operativos, todos de fabricación soviética, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISE), un centro de estudios de defensa británico. Según varios analistas militares, las carencias militares de La Habana no son motivo para descartar bajas en el Ejército estadounidense en caso de una incursión como la que realizaron las tropas especiales para capturar a Maduro. “Cuba es un objetivo más difícil, no tanto desde el punto de vista militar, sino porque han tenido tiempo para prepararse para una operación similar”, apuntaba Sebastián Arcos, el director cubanoamericano del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de Florida, a Al Jazeera. Además, es probable que la seguridad de Raúl Castro sea más estricta después de la operación contra Maduro y que la hipotética intervención sea más compleja si Cuba ha extremado las precauciones. Por otro lado, la cercanía de Cuba y Estados Unidos puede jugar también en contra de Washington si La Habana decide responder a una hipotética intervención. En el caso cubano, Washington no tendría que enfrentarse a consecuencias internacionales como el estrecho de Ormuz, que ha sido bloqueado de facto por las fuerzas de Teherán después de la intervención militar. La medida ha provocado un aumento mundial de los precios del petróleo. Cuba, aislada internacionalmente, conlleva un riesgo menor en este sentido. “Sería un duro golpe para la administración Trump después de la guerra de Irán y a pocos meses de las elecciones legislativas. Porque además de los daños, si hubiera una intervención, también podría haber un éxodo masivo de personas de la isla a EEUU, y eso sería terrible para la agenda, el mensaje y la narrativa antiinmigración de Trump”, sostiene Christopher Sabatini.
A las duras o a las “Maduras”: todas las señales de que EEUU se prepara para su golpe final en Cuba
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