Seis días a la semana, María Hernández se levanta a las 5 de la mañana para prepararse a ella y a su familia para el día. “Tiene que estar muy organizada”, dijo por vía telefónica un domingo, el único día en que normalmente no trabaja. La mamá de cuatro hijos vive en Salemburg, Carolina del Norte, y ha trabajado por décadas en la agricultura, en un estado que ha atraído miles de trabajadores como ella.

Hernández, de 53 años, tiene diabetes lo que la hace preocuparse por trabajar los veranos en los campos de tabaco, donde las temperaturas pueden dispararse por encima de las zonas circundantes.

“Puede ser 98 grados (°F), pero en un campo de tabaco puede ser más de 110 grados”, dijo Hernández.

Las temperaturas extremas pueden dejar a los trabajadores peligrosamente acalorados y deshidratados, un problema que se agravará a medida que las temperaturas suban a consecuencia del cambio climático. Ahí es donde entra en escena Elizabeth Mizelle, enfermera y profesora de la Universidad de Carolina del Este. Inspirada en las mochilas de hidratación que sus hermanos usaban durante su servicio militar, ha estado colaborando con trabajadores agrícolas para probar mochilas similares, a un costo de $20, en los campos. Es probablemente el primer experimento de este tipo en los Estados Unidos y, si tiene éxito, podría ayudar a los trabajadores agrícolas de todo el país a mantenerse saludables en un clima cada vez más caluroso.