Durante dos semanas, mientras su hija, Judith, permanecía en la UCI del Hospital Germans Trias i Pujol, de Badalona, Anna pasaba los días a su lado y las noches, en el coche. “No sabía qué hacer, estaba desamparada, lejos de casa, no podía pensar adonde ir”, reconoce esta mujer.

Originaria de Girona, no podía dejar a su hija sola mientras se debatía entre la vida y la muerte. El trasplante de riñón y páncreas al que se había sometido Judith, de 31 años, no fue bien, sufrió un ictus y tuvo que estar dos meses en cuidados intensivos. Anna dormía cada noche en el aparcamiento del hospital, hasta que un día la trabajadora social del centro le ofreció el contacto de una entidad que gestiona pisos para acompañantes de pacientes desplazados.

Con unos hospitales especializados y unos tratamientos punteros que cada vez reciben más pacientes de otras provincias, incluso de otras comunidades autónomas, Barcelona recibe cada año a cientos de sus familiares que buscan donde dormir. Pero los actuales precios de la vivienda, sumados a los de los alojamientos turísticos, impiden a muchos acompañantes encontrar un techo estable.

Este es el diagnóstico de una decena de entidades sociales y fundaciones privadas que desde hace años tratan de ofrecer pisos de acogida para estas familias, que no paran de crecer. En 2025 atendieron a 1.072 personas, de las que un 40% son padres o madres de menores de edad.