Asier MartiarenaMadrid 21/05/2026 11:43 Actualizado a 21/05/2026 12:14 La izquierda alternativa ha empezado a moverse alrededor de una hipótesis que hasta hace apenas unas semanas sonaba más a provocación que a posibilidad real. Que el portavoz de Gabriel Rufián pueda convertirse en el catalizador -o incluso el candidato- de una nueva alianza de izquierdas de cara a las próximas elecciones generales. Y la primera respuesta con peso orgánico ha llegado este jueves desde Izquierda Unida, que ha acogido la propuesta con una mezcla de interés, cautela y advertencia frente a los “egos desmesurados” en el espacio progresista.El portavoz parlamentario de IU y diputado de Sumar, Enrique Santiago, aseguró que estudiarán “con mucho cariño” el planteamiento deslizado por Rufián, aunque dejó entrever cierto escepticismo sobre el contenido concreto de la operación. “Estamos deseando que alguien nos explique la propuesta”, ironizó, después de admitir que su formación ha tratado de conocer más detalles sin éxito. Pese a ello, cerró la puerta a cualquier desmarque prematuro y garantizó disposición a negociar: “Por supuestísimo”.En la misma línea se ha expresado también Más Madrid, que evita cerrar la puerta a los movimientos del dirigente republicano. La portavoz de la formación en la Asamblea madrileña, Manuela Bergerot, ha defendido que es “innegable” que Gabriel Rufián “es un activo electoral” y sostiene que “todo lo que contribuya a ganar escaños a la derecha es bienvenido”. Aunque ha apostillado que se debe priorizar el debate programático sobre cuestiones como la vivienda o la pérdida de poder adquisitivo.Más cautos se han mostrado en Podemos. Su secretaria general, Ione Belarra, ha evitado valorar de forma directa la posibilidad de que Rufián encabece una eventual candidatura unitaria y apeló a respetar “los tiempos” tanto del dirigente republicano como de ERC. Con todo, Belarra sí deja entrever sintonía con el diagnóstico de fondo al asegurar que la ciudadanía progresista espera que las fuerzas de izquierdas “hagan equipo”, “colaboren” y estén “a la altura de las circunstancias”. Las reacciones del espacio evidencian que el movimiento lanzado por el dirigente republicano ha dejado de ser leído únicamente como un ejercicio de agitación política. En distintos sectores de la izquierda empieza a asumirse que Rufián ha decidido abrir un debate estratégico de fondo sobre la fragmentación electoral del espacio progresista. Y son conscientes de la proyección mediática del republicano en un momento en el que Sumar y Podemos empiezan a acusar un importante desgaste por los malos resultados que vienen encadenando distintas marcas de la izquierda alternativa en el ciclo autonómico iniciado en diciembre en Extremadura.Fue precisamente ese diagnóstico el que articuló ayer el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya durante un coloquio celebrado en el Club Siglo XXI de Madrid. Allí, y por primera vez de manera explícita, Rufián no solo defendió la necesidad de una reorganización de las izquierdas estatales y territoriales, sino que además se ofreció para encabezarla. Un movimiento de enorme calado político y también orgánico, consciente de las tensiones que puede generar dentro de ERC.El dirigente republicano trató incluso de anticiparse a ese posible choque interno lanzando un aviso directo sobre su continuidad. “Yo no voy a volver a presentarme por ERC si no se cumplen unas condiciones”, aseguró. Según explicó, esos requisitos -que su partido “ya sabe”- tienen que ver con el grupo parlamentario. “Si no se cumplen, yo no estaré y me iré a mi casa”, prometió.Más allá del gesto, Rufián evitó concretar cómo imagina esa eventual candidatura compartida. Pero sí dejó varias pistas sobre el tipo de alianza que pretende explorar. “No tiene sentido que haya dos derechas y 14 izquierdas”, resumió ante las preguntas de los periodistas. A partir de ahí, dibujó un esquema flexible y territorializado: provincias donde pudiera liderar ERC, otras encabezadas por fuerzas estatales y algunas en las que incluso no tendría sentido competir.El planteamiento conecta con una idea que el portavoz republicano viene deslizando desde hace meses. Que el ciclo político abierto tras el procés y el agotamiento del modelo de Unidas Podemos obliga a repensar liderazgos, alianzas y lenguajes en la izquierda. Y también con otra tesis cada vez más presente en determinados sectores periféricos: que las izquierdas soberanistas pueden convertirse en referencia para un espacio estatal en crisis de identidad y proyecto.“Es el momento de que las izquierdas soberanistas inspiren a las españolas”, defendió ayer. Una frase que delimita afinidades y distancias. Rufián parece buscar complicidades con espacios como Más Madrid -con cuyo diputado Emilio Delgado mantuvo el primer acto de esta ronda de contactos-, así como con EH Bildu o el Bloque Nacionalista Galego. Más compleja aparece, en cambio, la relación con Podemos y también con sectores de IU, pese a que una de las siguientes paradas de ese itinerario político fuese precisamente un encuentro con Irene Montero.En ese contexto, la respuesta de Enrique Santiago adquiere relevancia no tanto por cerrar posiciones -IU está aún lejos de ello- como por confirmar que la propuesta ya circula en las conversaciones internas de la izquierda.Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro