El académico estadounidense Richard Thaler ganó el premio Nobel de Economía en el 2017 por sus estudios pioneros sobre behavioural economics , el análisis de la economía del comportamiento. Entre sus conceptos más populares figura el del “pequeño empujoncito”.Su tesis sostiene que, para que el ser humano lleve a cabo ciertas conductas sin estar obligado a hacerlas ni bajo amenaza de sanciones, necesita un determinado tipo de entorno que le induzca a actuar de forma espontánea. El ejemplo más célebre es el de la mosca dibujada en los urinarios de aeropuertos para que los hombres mejoren la puntería y se reduzcan los costes de limpieza.Cuando se gana una puja, se acostumbra a pagar más que el valor real del bien en cuestiónAntes de que le llegaran el éxito científico y los galardones, en 1988 escribió un artículo titulado “Anomalías: la maldición del ganador”, publicado en el Journal of Economic Perspective s y considerado una de las contribuciones más relevantes de la llamada economía conductual.Toda esta introducción sirve para explicar la aparición ahora de su libro con el mismo título, que no es otra cosa que la versión actualizada –junto con Alex O. Imas– de aquella famosa contribución. Porque si hace casi cuarenta años aquel trabajo fue visionario, hoy se ha convertido en un pilar para entender por qué y cómo los agentes económicos toman sus decisiones.La maldición del ganador es una paradoja frecuente en las compras y subastas cuando hay que valorar un activo incierto. Pongamos un frasco lleno de monedas que se adjudicará mediante puja. Cada participante hará su propia estimación. Thaler demostró que la oferta media será considerablemente inferior al valor de las monedas, porque los postores suelen tener aversión al riesgo. Sin embargo, el ganador será normalmente quien haya hecho la estimación más alta, que acabará superando el valor real del frasco por exceso de optimismo o por error de cálculo. El experimento sirve para explicar por qué, por ejemplo, las empresas están dispuestas a pagar primas sustanciales por encima del precio de mercado para adquirir otra compañía.En la obra hay capítulos jugosos sobre teoría de juegos, el egoísmo de los consumidores, por qué co­operamos algunas veces y otras no, el miedo a la pérdida económica o el valor que damos a las ganancias. “La creencia básica de que las personas tienen preferencias coherentes es fácil de refutar. Es más correcto decir que las personas construyen lo que parecen ser preferencias a medida que avanzan en la vida”, sostiene.Al final, los seres humanos no somos tan racionales, aunque nos guste pensar que sí lo somos. Por ello, quédense con este consejo de Richard Thaler a modo de resumen: “Pagar por no ir al gimnasio puede tener disculpa la primera vez, pero renovar la membresía pensando que ese año será diferente es de tontos”. Seguro que más de uno se sentirá identifi­cado.En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.