Opinión
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AlephLa política del norte se ha vuelto a meter con la migración y las drogas.
A Guatemala no hay que reconstruirla, hay que volverla a imaginar. Lo digo, porque la historia y los poderes fácticos que la han definido en las últimas siete décadas nos han situado en lo que parece un callejón sin salida. Ya sabemos que es justo en esos callejones donde reescribimos la Historia, con mayúscula, pero la pregunta (y su respuesta) no es sencilla: ¿Qué sería hoy de Guatemala sin el ingreso de las divisas por remesas que envían los migrantes connacionales en el exterior y sin la llamada “economía narco”?
Según cifras oficiales, solo en el primer cuatrimestre del 2026, el ingreso de divisas por remesas registró un aumento del 10.5%, comparándolo con el mismo período del año anterior, superando los Q65 mil millones, según el Banco de Guatemala. La cantidad exacta es de Q65,766.4 millones (US$8.431,6 millones). En los últimos años, las remesas han constituido hasta un 21% del PIB del país, superando a las exportaciones de bienes y servicios, colocándolas por encima de sectores exportadores tradicionales como azúcar, banano, café, cardamomo, maquilas, entre otros.










