El Mundial de Fútbol de 2026 está llamado a ser el más caro de la historia y también el mayor fracaso económico de la FIFA si se cumplen los pronósticos. Las entradas medias superan los 550 dólares; la reventa ha elevado los tickets para la final por encima de los dos millones; la crisis energética y las campañas de persecución de ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, por sus siglas en inglés) han tumbado el turismo hacia Norteamérica, con reservas por debajo que hace un año; y el desplazamiento entre estadios repartidos a tantos miles de kilómetros supone un sobrecoste extra para los aficionados que ya supera los 3.000 dólares. El mismo Trump ha dicho que no compraría las entradas.Las conclusiones se han traducido en una caída de las reservas turísticas en los tres países anfitriones: Canadá, Estados Unidos y México. "Ha habido muchas cancelaciones de vuelos internacionales debido a los altos costes de los combustibles. Una sola aerolínea redujo a nivel internacional 20.000 vuelos", señaló Miguel Ángel Fong, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, para el diario la Jornada la semana pasada.
Fong confía en que en las próximas semanas remonten las reservas en las sedes mexicanas del Mundial, pero las perspectivas son poco halagüeñas para los hoteles de los tres países. "Cuando revisamos nuestro calendario y vimos que en febrero, marzo y abril todavía no habíamos agotado las reservas, y que es un fenómeno generalizado, nos quedamos muy desconcertados", explicó Deidre Mathis, propietaria del Wanderstay Boutique de Houston, EEUU, a la BBC.














