La huelga indefinida de profesoras y maestros se le ha ido de las manos al presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca. Más de 40.000 docentes votaron este miércoles por mantener los paros y las manifestaciones al rechazar de plano la “última” oferta de la Conselleria de Educación. Los cinco sindicatos que la respaldan, incluidos los nada sospechosos de izquierdismo radical ANPE y CSIF, se han negado a firmar una propuesta que consideran no solo insuficiente, sino indignante. Y eso que miles de huelguistas ya acumulan pérdidas de más de 1.300 euros tras ocho días de protestas. Y seguirán indefinidamente. “No queremos las migas, queremos el pan entero”, se puede leer en uno de los cientos de carteles que los manifestantes enarbolan cada día a las puertas de la sede de Educación, en la avenida de Campanar de València.

Pérez Llorca ha llegado tarde y su consellera de Educación, Carmen Ortí, se muestra incapaz de frenar una huelga y una indignación que, lejos de remitir, aumenta con cada día que pasa. “Nos han subestimado”, explica un veterano profesor, que recuerda la victoria de los docentes frente al Gobierno socialista de Joan Lerma en 1988, durante la anterior huelga general educativa. A la sombra de la consellera y del presidente aparece el conseller de Hacienda y guardián de la caja de la Generalitat, José Antonio Rovira, a quien muchos señalan como el impulsor de la línea dura contra los docentes y uno de los responsables del fracaso de la negociación. “No hay dinero”, alega quien presume de haber bajado impuestos. El presidente se reunió ayer con Rovira para estudiar las opciones. Mientras tanto, la consellera apenas podía decir a los sindicatos que necesitaba “reflexionar” y ponía en duda la legitimidad de la votación, dejando entrever que no tiene verdadero mando en plaza en la negociación.