A River no le sobra como para pretender abarcar mucho, pero con otros nombres igual mantiene esa capacidad para el arrebato final, el zarpazo que cambia un resultado cuando ya no queda casi nada de un partido. Por décima vez en el ciclo de Eduardo Coudet marcó en los instantes finales. El zapatazo de Juanfer Quintero apenas pudo ser bloqueado por el arquero Cleiton y el pibe Pereyra recogió el regalo para el 1-1.El empate ante Bragantino podría darle a River la clasificación anticipada a los octavos de final de la Copa Sudamericana, como líder del Grupo H, si este jueves Carabobo no le gana a Blooming. Y si no le queda la chance del próximo miércoles, cuando recibirá a Blooming. En Brasil, a un Bragantino con 10 jugadores le había ganado en el epílogo con un cabezazo de Martínez Quarta, luego de que Beltrán atajara un penal. En Venezuela ante Carabobo, con Viña de arquero por la expulsión de Beltrán, Salas se sacó la lotería con la última pelota para el 2-1. Y anoche, cuando la derrota parecía inevitable por las dificultades ofensivas, sacó un empate de la galera.El festejo de Lautaro Pereyra, que igualó el encuentro frente a Bragantino, cerca del finalGonzalo Colini - La NaciónDesde los nombres y la constitución del equipo, River privilegió la final del domingo ante Belgrano. Mayo se convirtió en un tour de force para River, con el sexto partido en 17 días; el promedio da menos de tres días de descanso entre uno y otro. El trajín se hizo llevadero anímicamente con triunfos trascendentes, pero en el camino fue dejando jirones en desgaste y lesionados. Avanzar en los play-off del Apertura le resultó reconfortante, pero lo sometió a un calendario exigente. En su 16° partido al frente de River, Coudet aplicó la mayor rotación de su gestión. La formación tuvo de todo un poco; experimentados que volvían tras una escasísima actividad en el año, como Armani y Paulo Díaz; juveniles que van asomando, en los casos de los laterales Giménez y Facundo González; piezas que se fueron cayendo de la alineación titular (Galoppo, Quintero y Salas) y uno que volvió del destierro (Castaño). Era una incógnita lo que podía entregar este mecano, al que le costó disimular su condición de improvisado. Bragantino no es un gran equipo, pero no deja de ser brasileño, con todo lo que eso implica en cuanto a recursos técnicos y capacidad para armar alguna buena jugada. De arranque, River se vio incomodado por la presión alta del rival. Con Subiabre por la derecha y Maxi Meza por la izquierda, Castaño y Galoppo ocuparon el eje central y Quintero, más libre, esperó la pelota para activar el ataque. Imprecisiones y falta de coordinación conspiraron contra la voluntad de River de llegar con posibilidades al área brasileña. Bragantino tenía bastante movilidad y se juntaba con mejor criterio en la zona media. Era pobre lo de los equipos, en el partido no pasaba nada, los arqueros no eran exigidos. En el primer tiempo, recién a los 29 minutos hubo un cabezazo de Subiabre por arriba del travesaño, tras un centro de González.El delantero de origen nigeriano Jonathan Spiff, de 19 años, que debutó este miércoles, se saluda con Maximiliano Salas