Es como si la furia del Monumental ante San Lorenzo hubiera liberado las tensiones en River. Como si esos gritos hubieran conformado una suerte de exorcismo, de liberación emocional y futbolística. Porque desde ese momento –apagado por el gol de JuanFer Quintero– el equipo de Eduardo Coudet fue creciendo y mejorando hasta la prueba límite de anoche, ante el Rosario Central del Di María, uno de los mejores equipos de la Argentina. Y River no solo dio la talla, sino que se consolidó con un equipo con argumentos para coronarse la semana próxima, en Córdoba, ante el rival que surja hoy entre Argentinos y Belgrano. Qué morbo: River contra Belgrano, otra vez, en un partido decisivo, como aquel de 2011 que originó el descenso del Millonario por primera vez en su historia. River jugó bien, superó a Central en el sentido físico además de futbolístico y también tuvo la suerte a su favor: a Beltrán lo salvó primero el palo izquierdo (en un rebote tras un desborde de Copetti y una volea de Pol Fernández) y luego el palo derecho, tras un centro venenoso del Fideo.

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