Las emociones, el paso del tiempo y las asociaciones mentales influyen directamente en la evocación de unos momentos que no son del todo fieles a la realidad. La respuesta es rellenar con la información que falta y tiene sentido con nuestra identidad

En el momento en el que vivimos una experiencia, el cerebro registra el acontecimiento según lo que recibe a través de los sentidos. Pero la memoria humana no guarda el suceso como una copia fiel de lo sucedido, sino que funciona como una reconstrucción muy subjetiva. Al evocar de nuevo un recuerdo del pasado, el cerebro lo reconstruye a través de fragmentos de imágenes, emociones y nuestra propia interpretación de los hechos, transformados además por el paso del tiempo, para crear una nueva versión de lo ocurrido.

“La memoria humana no es un registro fiel de lo que vimos ni de lo que ocurrió. No funciona como un disco duro. Es una recreación que la mente hace a partir de asociaciones en la que, cada vez que recuerdas algo, las neuronas vuelven a recordar ese escenario”, explica Jesús Molero, director de Balance Psicología y @psisuki en redes sociales, con 60.900 seguidores en X. Para él, la memoria no está en ningún sitio, sino que, cada vez que se recuerda, se vuelve a generar.