Actualizado Mi�rcoles,
mayo
22:28De la noche a la ma�ana se han instalado los mi�rcoles, en la estructura de la feria de San Isidro, como cita torista, partiendo las semanas. La corrida de Saltillo era la �nica oportunidad (sic) para Jos� Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla. Y, como era de esperar, no s�lo no lo fue, sino que fue peor. Porque los saltillos no mord�an como cab�a esperar -a excepci�n del terror�fico cuarto, un viaje al siglo XIX-, pero tampoco regalaron nada con su sorda dureza. Y el esfuerzo de los toreros careci� de eco, un esfuerzo con sordina, ingrato y sin recompensa en una muy dif�cil prueba. Hab�a abierto la tarde un toro alto, o m�s zancudo que alto, que incrementaba esa sensaci�n por su limitad�sima condici�n para humillar. Asomaba su tremenda seriedad c�rdena por encima de las esclavinas de los capotes. Tanto de Jos� Carlos Venegas como de Iv�n Garc�a, que breg� con su habitual eficacia. Caramelo, as� se llamaba este primero de Saltillo, sin hacer del todo honor a su nombre, dejaba estar y pasaba -m�s largo por la mano derecha-, lo que en esta ganader�a ya es un dulce, enti�ndase. Hab�a empujado en un puyazo y se hab�a repuchado en otro; eso le falt� en la muleta, empuje. Venegas lo entendi� muy bien en la media distancia, firme, seguro, puesto. Descolg� el saltillo algo m�s que en toda la lidia. Un cambio de mano puso un ole, y lo mat� con determinaci�n.Fue el siguiente el �nico cuatre�o de la corrida. Le faltaba trap�o por todas partes. Remate por detr�s y seriedad por delante, tan lavado. Los que tanto exig�an a la novillada de Fuente Ymbro el d�a anterior callaron. Marc� su mansedumbre desde su suelta salida. De todo se solt� siempre, sin maldad. Quer�a irse m�s que atacar. Juan Leal lo brind� sorpresivamente al p�blico y plante� un arranque de pases cambiados tambi�n sorpresivos. Algunos empezaron a pitar a Leal no se sabe qu�. O s�: le imputaban al torero lo que pertenec�a al toro, que se abr�a tanto que lo dejaba descolocado. Y, sin embargo, el galo no se descentr�, le cogi� muy bien el aire por la mano izquierda y, aunque le pudo buscar la cara algo m�s, lo esper� para ligar. El manso ya s�lo quer�a la fuga, as� que no hubo m�s pasaportarlo. Cosa que hizo con eficacia, muy en largo el volapi�.Redondo, cuajado, c�rdeno y estrellado, abierto de cara, m�s hechurado que otros, el tercero puso tambi�n la nota inesperada de la toreabilidad en la corrida de Saltillo. Juan de Castilla apost� por �l tanto en el caballo -sin castigarlo- como en la muleta -con la distancia-. Valiente y dispuesto, prolog� la faena de rodillas en los medios para torear en redondo con alg�n apuro al final. El toro ven�a con la inercia, ten�a la velocidad del viaje para pasar y un costoso punteo �ltimo para sacar limpio el derechazo. El colombiano mantuvo la actitud mientras el toro perd�a la aptitud cuando la distancia se reduc�a. El diapas�n de la faena fue bajando conforme sub�a el metraje de la labor. Meti� Castilla el brazo con la espada sobre el aviso.A las 20.15, la noticia era que la de Saltillo estaba saliendo toreable -trad�zcase porque no mord�a-, que los tres matadores hab�an brindado al p�blico, intervenido en quites -tafalleras, chicuelinas y gaoneras- y cobrado una estocada por cabeza. Hasta que salt� Asturiano y desapareci� toda traza de toreabilidad. Un bestia del averno. Definido como un cabr�n desde que apareci�, siempre por dentro, siempre orientado, siempre cazando. Ni casta ni leches en su sangre montaraz. Un viaje al siglo XIX. Un desarme a Jos� Carlos Venegas, con el capote ensartado en esa cabeza adornada por lanzas, reprodujo aquella fotograf�a del terrible Cazarratas. No ten�a un pase sin ser un asesino profesional como aquel, un asesino a secas. Venegas se puso, traste� con oficio, estuvo a punto de ser cogido dos veces y lo pasaport� con profesionalidad. Esa que exhibieron Iv�n Garc�a y Fernando S�nchez con las banderillas para llevarse todas las palmas.El remiendo de Couto de Fornilhos, tambi�n con los cinco a�os cumplidos, se subi� r�pidamente al podio de los toros feos de la feria. Manso, arrollando, calamocheante... Si llega a embestir con esas hechuras y esa jiba, habr�a sido un milagro. Y los mi�rcoles hay torismo, no milagros. Juan Leal lo trat� como si fuera bueno y le propuso la izquierda queriendo trazar lo imposible. Y casi lo logr�. No hab�a caso ni causa. Todo corri� de parte del torero. Un m�rito sordo el suyo.Cerr� la corrida de Saltillo el toro m�s humillador de la misma, con una repetici�n enga�osa, gazapona y pegajosa, tan agarrada a la tierra y tan correosa... No ten�a m�s de tres muletazos por tanda, y todos muy costosos. Luego, hac�a hilo. Tirar del saltillo requer�a un esfuerzo �mprobo. Juan de Castilla lo hizo sin acabar de despegar al toro del piso ni la faena hacia arriba. Su constancia no obtuvo la recompensa del agradecimiento ni abajo ni en los tendidos. Todo se hundi� definitivamente con la espada.MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Mi�rcoles, 20 de mayo. Und�cima de feria. Tres cuartos de entrada. Toros de Saltillo y uno de Couto de Fornilhos (el feo y complejo 5�), todos cinque�os menos el 2�, mal presentado; desiguales en su seriedad; infumable el 4�; manso el 2�; dej� estar el 1�; se movi� el 3� con un punteo; correoso el 6�.JOS� CARLOS VENEGAS, DE BLANCO Y ORO. Estocada casi entera (saludos); estocada casi entera tendida y descabello (silencio).JUAN LEAL, DE CELESTE Y TOROS. Estocada defectuosa (silencio); estocada trasera. Aviso (silencio).JUAN DE CASTILLA, DE NAZARENO Y ORO. Estocada. Aviso (silencio); estocada atravesada que escupe, cuatro pinchazos y media estocada. Aviso (silencio)











