Opinión
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FundamentosEs lícito y deseable en una sociedad contar con una élite que tenga criterio formado y que defienda causas.
En el siglo pasado se produjo un intenso duelo entre dos titanes intelectuales. Por un lado, el pensador mexicano José Vasconcelos, uno de los padres de la pedagogía política de la Revolución mexicana y promotor activo del muralismo. Por el otro, el escritor peruano José Santos Chocano, periodista, diplomático y político, que fue durante mucho tiempo el principal apologeta de las dictaduras latinoamericanas. El duelo no fue a espadas ni revólveres, sino con la pluma. Desde un medio de comunicación y con miles de kilómetros de distancia entre ambos, cada uno aludió al otro de manera tal que las élites americanas asistieron a una especie de ping-pong mediático que duró algunos meses.
El tema a debate fue la democracia, la libertad y cuánto de ambas se está dispuesto a sacrificar por el orden. Es decir, si se justifica que las sociedades pierdan sus referencias republicanas frente a una especie de dictadura ilustrada que le ofrece otros valores en cambio. La primera salva de esta batalla se disparó en las páginas del diario El Universal de México; la firmaba Vasconcelos y se titulaba “Poetas y bufones”. En este artículo, el mexicano atacaba la posición sumisa de Santos Chocano y otros intelectuales respecto de las autocracias. La respuesta no tardó en llegar. Esta vez en las páginas de un periódico peruano. Se titulaba “Apóstoles y farsantes” y lo firmaba Santos Chocano. En esta columna, el peruano criticaba la falsedad de los así llamados demócratas. En suma, la polémica se fue agriando de manera tal que terminó incluso en un asesinato. Las ideas y su forma de exponerlas habían llevado a la violencia. Esa es la lección que debe tenerse presente.







