Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00A menos de diez días de una de las decisiones electorales más importantes de las últimas décadas, los colombianos han dejado entrever en redes sociales, encuestas, sondeos, reuniones y todo tipo de escenarios de expresión individual y colectiva, pública y privada, algo que no solo inquieta sino que muestra el nivel absurdo de descomposición de gran parte de la sociedad, a la que ya poco parece importarle la ética, la moral, la coherencia, la decencia y la honestidad como pilares inescindibles del quehacer político.No entiendo cómo alguien ante la pregunta de por quién votará en la primera vuelta pueda contestar que votará por Iván Cepeda, cuando es de todos sabido que se identifica ideológicamente, y en alma, vida y sombrero, con lo más granado de los movimientos subversivos que por décadas se han dedicado a extorsionar, secuestrar, asesinar, traficar con drogas y armas, reclutar menores, violar niñas y mujeres, por tan solo citar algunos de los delitos por los que quienes lo apoyan han transitado con gran experticia y experiencia. Cepeda no ha ejercido la simple actividad de un político vehículo para la paz, sino que ha ejercido como el defensor de los grupos insurgentes y de sus más altos combatientes, a quienes les ha justificado y valorado todo sin el menor estupor.Tampoco entiendo cómo alguien ante la pregunta de por quién votará en la primera vuelta pueda contestar Abelardo de la Espriella, cuando es de todos sabido que él se identifica ideológicamente, y en alma, vida y sombrero, con lo más granado de los grupos paramilitares que por décadas se han dedicado a extorsionar, secuestrar, asesinar, traficar con drogas y armas, reclutar menores, violar niñas y mujeres, etc. De la Espriella no ha ejercido una simple actividad de abogado defensor, sino como amigo de muchos de sus clientes, a quienes ha justificado y valorado sin el menor estupor, y para quienes ha propuesto todo tipo de arreglos con el Estado, como aquellos relacionados con la legalización de sus fortunas mal habidas. No son pocas las entrevistas que ha dado en las que se vanagloria de su íntima amistad con Alex Saab (uno de los principales lavadores de dólares del régimen de Maduro), de su relación de negocios con DMG –David Murcia Guzmán– (uno de los mayores estafadores colectivos de la sociedad colombiana), por solo citar algunos de los muchos ejemplos, de quienes se dice, incluso, los chalequeó, más allá de los honorarios pagados con dineros del crimen.¡Qué nivel de descomposición social! ¡Qué despropósito colectivo! ¡Qué enorme pérdida de valores! ¡Qué nivel de adoración por el crimen! ¡Qué falta de ética colectiva!El desastre aún es evitable. No hay por qué escoger la cultura guerrillera, ni traqueta, ni paraca, que al final son lo mismo, o casi lo mismo. Aún podemos tomar decisiones inteligentes que lleven al país por el sendero de la cordura, de lo correcto, del mérito, de la experiencia, de la pulcritud, de la ponderación, de la sindéresis. Necesitamos un país en donde aún exista la creencia de que la ética y el derecho van de la mano, donde la honestidad permanente sea una virtud, donde los principios no se negocien, donde representar el bien sea un activo.Este panorama, desolador como el que más, llevó a millones de colombianos a apoyar hace unos meses una esperanza con posibilidad de victoria: la Gran Consulta. La elegida para concretar esa esperanza y ese sueño se llama Paloma.En lo particular, tomé la decisión de votar en primera vuelta por Paloma y de asumir, con alma, vida y sombrero, la obligación de convencer a la gente de que, con Paloma, no solo hay mayor opción de derrotar a Cepeda, sino también de evitar que alguien como De la Espriella, al que le queda grande el overol de la ética, se adueñe de la esperanza de millones de colombianos que tenemos la convicción de que hay que abandonar no solo todo aquello que huela a Petro sino a todo aquello que represente un extremo. Conoce más