Ni el Síndrome de Ovario Poliquístico era lo que nos dijeron ni el clítoris era como creíamos. Son dos de los resultados médicos más recientes que abren otro capítulo más del sesgo de la medicina sobre las mujeres. Y quienes digan "tampoco es tan grave", pues sí. Es grave. Porque, mientras, miles de mujeres son mal diagnosticadas. Y si son mal diagnosticadas tienen tratamientos incorrectos. Y si son tratamientos incorrectos no solo no les ha solucionado su problema, sino que incluso les ha generado otros nuevos. ¿Pillamos ya el coste que tiene en las vidas de las mujeres?PublicidadPor partes. Uno, tras una investigación el Síndrome del Ovario Poliquístico se llamará Síndrome Ovárico Metabólico Endocrino. ¿Por qué? Porque no iba solo de quistes. Es más, ni es preciso que estén ahora. Es más complejo y requiere evaluar hormonas, resistencia a la insulina o el riesgo cardiovascular. ¿Y qué ha provocado el otro nombre hasta ahora? Pues que casi un 70% de mujeres con este síndrome sigue aún sin diagnosticar solo porque no tenían quistes en los ovarios.Dos, se ha hecho el primer mapa de la red de los nervios del clítoris. Uno de los órganos menos estudiados. Y es más complicado de lo que se pensaba. En verdad, en el Renacimiento ya estaban algunos de esos datos. El problema es que científicos posteriores los borraron. ¿Qué cambia ahora este mapa? Pues muchísimo. Evitar daños en cirugías pélvicas. Evitar que las mujeres pierdan sensibilidad sexual. Mejorar operaciones para víctimas de mutilación genital femenina. O sea, la diferencia entre una vida con secuelas… o sin ellas.Estos casos no son excepciones. Son patrones que suman en la historia. Aquellos síntomas que llamaban histeria resultaron ser patologías. Aquel dolor en el estómago sin más resultó ser luego un síntoma de posible infarto en la mujer. Aquel rostro pálido y la amenorrea de la "enfermedad de las vírgenes" resultó ser anemia o desnutrición. Aquel dolor de regla intenso porque "somatizábamos" resultó ser endometriosis. Y así todo. Haciendo creer que el problema éramos nosotras y no lo de siempre: la falta de credibilidad de lo que sentimos, vivimos y narramos. Durante siglos, el dolor de las mujeres, sus síntomas o sus emociones estuvieron bajo sospecha. Todo era invento. Todo era exageración. La rabia es pensar en cuántas (nuestras madres, nuestras abuelas…) se han ido a la tumba llenas de dolores y mal diagnosticadas solo por ser mujeres. No todo es victoria. Hoy, cruzamos los dedos para que se siga investigando, pero sabemos que tenemos a mujeres (sobre todo con menopausia, con problemas hormonales o inmunológicos) dando vueltas de especialista en especialista. Sin que den con la clave de lo que les pasa. Mientras tanto, el parche: un ansiolítico o un antidepresivo y búscate la vida. Lo más rápido.Un apunte final. A ver si es posible que no solo la Ciencia investigue sino que, cuando queramos prevenir, no nos encontremos con médicos como el de hace unos días en Tenerife. Agredía a las mujeres en consulta, inventándose un cargo para justificar los tocamientos. No es el primer caso y ojalá fuera el último, pero hasta para ser diagnosticadas tenemos que ir con miedo o exponernos al riesgo. Luego dicen que hemos llegado nosotras demasiado lejos.PublicidadEn definitiva, vamos haciendo camino; pero qué camino más duro y qué tarde para muchas. Porque todo se reduce a esto: decir a las mujeres que estaban locas, para luego descubrir que tenían razón.