PersonajazosMariah Carey, en el desfile de Gucci.Alberto ReyActualizado Martes,

mayo

21:41Demna siempre consigue escandalizarnos. Es m�s: le pagan para eso. El que fuera director creativo de Balenciaga convirti� la marca de origen espa�ol en una fuente permanente de pol�micas y controversias. Que si un desfile celebrando la vulgaridad de la clase ociosa de Los �ngeles, que si una campa�a con sugerencias de pederastia, que si prendas y accesorios de gusto cuestionable a precios estratosf�ricos... Pocas marcas han sido culturalmente m�s relevantes que Balenciaga en la �ltima d�cada. �Rentable? Eso es otra cosa.Ahora el dise�ador georgiano est� al frente de Gucci. Ah� intenta replicar el modelo que tan bien (m�s medi�tica que econ�micamente) le fue en Balenciaga. �Su �ltima ocurrencia? Cerrar Times Square para presentar una colecci�n de la firma italiana. Y hacerlo a modo de homenaje a la cultura de la celebridad y la diversidad neoyorquina.De lo segundo hab�a poco ah�; de lo primero much�simo. Puede que las im�genes que m�s hayan trascendido del sarao de Gucci sean las de Mariah Carey, invitada al desfile, necesitando ayudantes hasta para sentarse. No porque no pueda, sino porque no quiere. Que en el caso de una estrella tan extravagante como ella, podr�amos traducir tambi�n por "ya no sabe". Uno le quita el abrigo, otro le coloca la melena y asumimos que un tercero mirar� el reloj por ella. Y luego un cuarto. Y luego un quinto.Te�ricamente, Demna es un creador subversivo que con todas estas cosas (pues todas, hasta la presencia y la actitud de Carey, pasan por el filtro de Gucci) hace comentarios ir�nicos sobre el mundo en el que vivimos. Perm�tanme dudarlo. Los productos (y los precios) de Gucci carecen de toda iron�a. Son s�lo letreros de "soy rico". Una estrategia de marketing que, por lo que sea, no est� funcionando: en el �ltimo per�odo declarado, las ventas de la marca han ca�do significativamente y no s�lo por la situaci�n geopol�tica mundial. Mariah no sabiendo ni quitarse las gafas sola es muy divertido, s�, pero podemos leerlo tambi�n como un acto p�blico de soberbia. Y la soberbia, me temo, no ayuda a vender bolsos.