Unir con una línea de alta velocidad los 160 kilómetros que separan el centro de Londres y el de Birmingham es el proyecto más caro y más lento de la historia ferroviaria. La ministra británica de Transportes, Heidi Alexander, presentó este martes la última estimación del tren que se ha convertido en uno de los símbolos de la parálisis y el declive del país.

La línea estará terminada entre 2040 y 2043, es decir casi dos décadas después de la previsión inicial y más de tres décadas después del lanzamiento del proyecto, y costará hasta 118.000 millones de euros, según la estimación actual.

“Si esto parece un aumento obsceno en coste y en tiempo es porque lo es. Si parece que estoy enfadada es porque lo estoy”, dijo la ministra Alexander en una declaración ante el Parlamento británico. La ministra habló de “desastre espantoso” y del “legado chocante” de los anteriores gobiernos conservadores y se quejó de que la mayoría del presupuesto se gastó sin haber puesto ni un kilómetro de vía, con cambios constantes de trazado y contratos mal calculados. Parte del dinero también se gastó en el trazado al norte de Birmingham que después fue cancelado en 2023.

La ministra confirmó que costaría “igual o más” a este punto cancelar el proyecto. Las obras ya están en marcha en 45 viaductos, 132 puentes y más de 70 kilómetros de túneles excavados: destruir la infraestructura a medio hacer y devolver el terreno a su estado original costaría miles de millones. Y a eso habría que añadirle las posibles compensaciones legales difíciles de calcular.