Nota beneSomos seres sociales y económicos.

Algunos tachan al orden económico de ser tiránico: una imposición por señores poderosos e insensibles sobre los más débiles. La economía es percibida como causante de miseria. Estos observadores perciben las leyes económicas como reglas antojadizas y maleables. Su actitud antieconomía malentiende la naturaleza humana y su relación con el medio terrenal, así como el quehacer del economista.

El trabajo y el intercambio no violentan nuestra naturaleza humana: son características fundamentales de la misma y nos permiten superar el estado inicial de pobreza. Con talento, creatividad y trabajo, somos capaces de crear riqueza y transformar nuestra condición inicial. Un ermitaño solitario puede mejorar su situación, hasta cierto punto. Una comunidad de personas que intercambia entre sí avanza más, pues ponemos nuestros distintos talentos a disposición de los demás. No faltó a la caridad San Pablo cuando declaró que no coma quien no trabaje; nos invitó a vivir el trabajo como vocación. De allí que la acción económica no es algo que se nos impone o nos oprime.

Plantear una existencia libre de trabajo, producción, dinero e intercambio es fantasioso. Algunos anhelan una existencia de abundancia sin sacrificio; claman por el milagroso maná del cielo. Sin embargo, en este planeta la subsistencia requiere esfuerzo y los recursos son ineludiblemente escasos. Las cosas tienen valor y debemos asignarlas hacia sus usos más productivos. La única forma de lograr un destino óptimo para los recursos es atendiendo las señales del mercado.