La Federación Internacional de Gimnasia es la primera que da el paso unas semanas después de que el COI aconsejara que el país de Putin siguiera vetado
La increíble norteamericana Simone Biles y la rusa Angelina Mélnikova, quizás las dos mejores gimnastas de la última década, nunca se han enfrentado cara a cara en una cita olímpica estando ambas en la plenitud, un amor utópico. Ni tampoco las dos grandes potencias mundiales de la gimnasia femenina, con el permiso de Rumanía o China. En Río 16, cuando Biles conquistó el corazón del mundo, Melnikova era una debutante nerviosa y lesionada de solo 16 años. En agosto de 2021 Mélnikova, a los 21, lideró a su Rusia hasta el oro en la competición por equipos de los Juegos Olímpicos de Tokio, justo la competición en la que Biles, de 24, sufrió el episodio de pavor que le llevó a retirarse de gran parte del programa olímpico. El regreso pletórico de la estadounidense en los Juegos de París 2024 coincidió con la prohibición que el Comité Olímpico Internacional (COI) había dictado contra Rusia y Bielorrusia tres la invasión de Ucrania. El enfrentamiento sigue pareciendo imposible. El COI sigue vetando a Rusia y, tras dos años sabáticos, Biles aún no ha decidido si se retira para siempre o regresará, a los 31 años, para los Juegos de Los Ángeles. Sin embargo, algo está cambiando gracias a la acción de un dirigente japonés, Morinari Watanabe, que, como presidente de la Federación Internacional de Gimnasia (FIG) ha decidido, antes que ninguna otra federación internacional, y contra el criterio del COI, readmitir a Rusia con todas las consecuencias.












