Los expertos sospechan que fueron fabricados en el siglo XIV para la infantería valenciana que repelía las incursiones turcas en las costas peninsulares

En 1990, en Benicarló (Castellón), en el yacimiento subacuático de Piedras de la Barbada, junto a la desembocadura de la rambla Cervera, se halló a seis metros de profundidad un conjunto de 43 cascos de hierro, una de las mayores concentraciones de armas defensivas conocida hasta ahora. Se trataba de dos grandes masas fusionadas por la corrosión marina y selladas por concreciones calcáreas y sedimentos arenosos. Como los arqueólogos habían localizado anteriormente, justo en ese lugar, ánforas romanas y elementos de bronce, concluyeron que se trataba de un grupo de cascos del periodo imperial romano (27 a. C.-476 d. C.) perdidos en algún naufragio de la Antigüedad. Pero ahora el estudio Datación por radiocarbono y caracterización de textiles conservados en cascos bajomedievales de Benicarló, publicado en la revista científica Antiquity, demuestra, gracias a las pruebas de radiocarbono y su comparación con otros conjuntos semejantes, que se trata de cascos medievales de infantería, posiblemente perdidos cuando los transportaba un barco para equipar a las tropas cristianas frente a los piratas turcos. Actualmente, se conservan en el Museo de la Ciudad de Benicarló y en el Museu de Belles Arts de Castelló.