EditorialAlberto N��ez Feij�o cierra este ciclo electoral auton�mico insistiendo en exportar el modelo andaluz al conjunto de Espa�aEl Presidente del PP, Alberto N��ez Feij�o, y el Presidente de la Junta de Andaluc�a, Juanma Moreno Bonilla, ayer en la sede de G�nova.PPActualizado Martes,
mayo
00:04Audio generado con IALas consecuencias pol�ticas de las elecciones andaluzas trascienden con mucho el �mbito auton�mico. Cerrado el ciclo iniciado en Extremadura, continuado en Arag�n y Castilla y Le�n y culminado ahora en la comunidad m�s poblada, el PP entra en una nueva etapa marcada por una realidad que ya no puede soslayarse: la naturalizaci�n de su relaci�n con Vox. El debate llevaba tiempo recorriendo a la derecha espa�ola, pero las urnas han terminado por resolverlo. La mayor�a absoluta se ha convertido en una excepci�n en toda Europa y Andaluc�a ha confirmado un ba�o de realidad que obliga a abandonar ficciones t�cticas.Conviene partir de una premisa: Juanma Moreno ha obtenido un gran resultado y tiene derecho a hacerlo valer. El presidente andaluz no ha esquivado el debate. Al contrario: plante� la campa�a como una elecci�n entre mayor�a o �l�o�, y aunque las urnas le han negado un gobierno en solitario, sigue siendo un dirigente territorial de enorme solidez dentro del PP.La cuesti�n no es ya si su partido debe entenderse con Vox, sino c�mo hacerlo sin alterar su identidad pol�tica. Eso es precisamente lo que Alberto N��ez Feij�o parece asumir al cerrar este ciclo electoral insistiendo en exportar el modelo andaluz al conjunto de Espa�a. Los populares han entendido que la responsabilidad exige construir una relaci�n operativa con Vox. Pero esa relaci�n obliga tambi�n a establecer l�mites claros. Moreno deber� preservar la centralidad y suavizar postulados como la �prioridad nacional� convertida por Vox en eje discursivo. La moderaci�n sigue siendo un activo pol�tico imprescindible, aunque sin caer en el error de rehuir conflictos esenciales, como el proyecto de Espa�a confederal impulsado por S�nchez.La responsabilidad alcanza tambi�n a Vox. Convertirse en llave parlamentaria implica abandonar la comodidad de la protesta permanente y asumir costes de gesti�n. Andaluc�a necesita estabilidad institucional, y todos los actores pol�ticos deben contribuir a ella.Ayuso, por su parte, ha querido ocupar un espacio propio sin erosionar la unidad interna. Ha respaldado a Moreno y a Feij�o, pero tambi�n ha reivindicado su f�rmula madrile�a: gesti�n y valores dentro de una concepci�n liberal de la pol�tica. No se trata de una confrontaci�n, sino la constataci�n de que dentro del PP conviven estilos distintos bajo un mismo objetivo. Tanto ella como Feij�o comparten, adem�s, un diagn�stico optimista: el ciclo pol�tico avanza a favor del cambio.Frente a ello, el PSOE ofrece una imagen desoladora. Ni una m�nima autocr�tica tras el peor resultado de su historia andaluza. El silencio de S�nchez resulta tan elocuente como inquietante. Y el consuelo de Montero -atribuir el ascenso de Adelante Andaluc�a a una cuesti�n de comunicaci�n- roza lo caricaturesco. Triste alivio ante una derrota sin paliativos.













