DiligenciasLa paradiplomacia no se invent� para crear conflictos, sino para atraer inversi�n, fomentar el turismo o impulsar la cooperaci�n cultural entre regiones y ciudades Isabel D�az Ayuso en un momento de su viaje a M�xicoE. M.Actualizado Lunes,

mayo

00:37Audio generado con IAEN 1994 el Tribunal Constitucional reconoci� que las autonom�as pod�an tener oficinas en Bruselas. Eran Estado y Europa pod�a ser asimilada a la pol�tica interior. La confusi�n entre ser Estado, hacer lo mismo que el Estado y, si hace falta, sustituirlo en la competencia de la representaci�n exterior fue todo una. Los l�mites difusos expuestos en la sentencia del TC fueron pulverizados por dos leyes impulsadas durante los Gobiernos de Aznar (1997) y Rajoy (2014). En pleno proc�s se aprob� una Ley de acci�n exterior estatal que permit�a y alentaba la implantaci�n descontrolada de oficinas internacionales auton�micas. Catalu�a abri� decenas de delegaciones con el simple tr�mite de informar al Ministerio con 24 horas de antelaci�n y en un plis plas organiz� un servicio exterior para la secesi�n llamado Diplocat, que solo pudo ser cerrado aplicando el art. 155 CE.El viaje de D�az Ayuso a M�xico ha sido un disparate de principio a fin. Con la disculpa de la promoci�n econ�mica de la regi�n se ha presentado all� para desplegar batallitas culturales y as� entretener a columnistas y tertulianos de por aqu�, confrontando con una jefa del Estado -no lo olvidemos- y poniendo en riesgo relaciones entre pa�ses ya de por s� tensas y dif�ciles. A la vuelta ha denunciado desatenci�n por parte de la embajada espa�ola y desprotecci�n en la seguridad por parte de las autoridades locales, llamando a M�xico �narcoestado�. Deslealtad pura. La paradiplomacia no se invent� para crear conflictos, sino para atraer inversi�n, fomentar el turismo o impulsar la cooperaci�n cultural entre regiones y ciudades. Si se desconocen sus fundamentos b�sicos, lo mejor es quedarse en casa.Pero el problema, de nuevo, es la deformaci�n del marco constitucional de la pol�tica exterior, que permite sin autorizaci�n ni coordinaci�n del Ministerio iniciativas asilvestradas que ponen en riesgo la unidad y coherencia de una competencia exclusiva del Estado. �Qu� hac�a, por ejemplo, el lehendakari Pradales la semana pasada invitando al Papa a Guernica en una recepci�n de medio minuto en Roma? Pues imitar a un ministro y a un presidente del Gobierno que tambi�n han hecho de la pol�tica exterior pol�tica de partido. Lo dicho: nadie en su sitio.