“Reforma Becker”. Bajo ese título el subsecretario de Política Universitaria, Alejandro Álvarez, presentó un programa de reforma universitaria mientras el Gobierno desfinancia a las casas de altos estudio. El funcionario escribió una columna en medio ultraoficialista La Derecha Diario en el que propone un sistema de “créditos académicos transferibles” que permita a los estudiantes moverse entre carreras y disciplinas sin perder materias, con el argumento de maximizar el retorno de la “inversión” en formación.

El problema es que ese anuncio de “modernización” coexiste con una realidad que los propios números del sistema universitario desmienten: el Gobierno lleva más de 200 días sin cumplir la Ley de Financiamiento Universitario, votada dos veces por el Congreso y reclamada por una multitud la semana pasada en la cuarta marcha federal.

Álvarez hizo su columna de opinión como un “homenaje” al economista Gary Becker, cuyas ideas inspiran el nombre del propio Ministerio de Capital Humano, según decidió Javier Milei. Álvarez propone un conjunto de medidas que describe como una aplicación práctica de las ideas de Becker.

Además de los créditos transferibles, plantea incentivos a la graduación, priorización de carreras vinculadas a ciencia, tecnología e ingeniería a través de las Becas Belgrano, y exigencia de mayor regularidad académica. El subsecretario también sostiene que el presupuesto universitario creció en términos reales por encima de la inflación, una afirmación que choca frontalmente los datos del propio documento del frente universitario y las mediciones independientes del período.