Hay imágenes que condensan un cambio de época mejor que cualquier análisis. La de tres primeros ministros nacionalistas tomando posesión en Gales, Escocia e Irlanda del Norte mientras el ultra Nigel Farage celebra la conquista de catorce condados ingleses es una de ellas. Hasta hace apenas un par de años, semejante mapa se consideraba sencillamente impensable. Por primera vez desde que existe el sistema devolutivo, las cuatro naciones que integran el Reino Unido tienen como primera fuerza política a un partido nacionalista. En tres de ellas, ese nacionalismo es independentista. En la cuarta, Inglaterra, es excluyente, nativista y abiertamente antisistema.PublicidadLas elecciones del pasado 7 de mayo, las más amplias celebradas en el Reino Unido en años, han funcionado como una radiografía despiadada del momento político. Apenas veintidós meses después de regresar a Downing Street con la mayor mayoría absoluta en una generación, el laborismo de Keir Starmer afronta un descalabro sin precedentes y una crisis de liderazgo de dimensión todavía indeterminada, mientras la extrema derecha de Reform UK se consolida como primera fuerza nacional con una gran implantación en Inglaterra. En Gales y en Escocia las elecciones han dado mayorías y primeros ministros nacionalistas que se unen al triunfo del Sinn Féin en Irlanda del Norte.Escocia: el referéndum vuelve al horizonteEl SNP, dirigido por John Swinney desde mayo de 2024, ha conseguido su quinta victoria consecutiva en el Parlamento escocés. Con 58 de los 129 escaños, queda obligado a gobernar de nuevo en minoría —siete por debajo de la mayoría absoluta y seis menos que en 2021—, pero los siete diputados del Partido Verde, también partidarios de la independencia, le garantizan una holgada mayoría parlamentaria favorable a una nueva consulta. El laborismo escocés, lejos de capitalizar el desgaste del SNP, ha cosechado el peor resultado de su historia en Holyrood, empatado en segunda posición con Reform UK con 17 escaños cada uno: la irrupción de la formación de Farage al norte del muro de Adriano —donde hasta ahora carecía de representación— es una novedad de calado.Casi doce años después del referéndum del 18 de septiembre de 2014, ganado por el "no" con un 55%, la consulta vuelve al horizonte. Swinney ha anunciado que llevará a votación, "el primer día hábil del nuevo Parlamento", una resolución para reclamar a Westminster las competencias necesarias para convocar un segundo plebiscito.La vía constitucional, sin embargo, no admite atajos: tras la sentencia unánime del Tribunal Supremo británico de 2022, Edimburgo carece de potestad para legislar unilateralmente sobre la unión, y cualquier referéndum vinculante debe ser aprobado por la Cámara de los Comunes, la Cámara de los Lores -ambas con sede en Londres y conformadas por representantes de las cuatro naciones- y el propio Parlamento escocés. "Es perfectamente concebible celebrar un segundo referéndum antes de 2028", afirmó Swinney en un debate televisivo en abril. Downing Street ha respondido con un portazo: "No vamos a celebrarlo", zanjó el entonces secretario de Sanidad, Wes Streeting, hoy rival de Starmer por el liderazgo laborista, en la radio LBC.PublicidadGales: Plaid Cymru rompe un siglo de hegemonía laboristaSi hubo un resultado que ninguna encuesta se atrevía a anticipar con esta contundencia era el galés. Plaid Cymru, formación nacionalista de izquierda, ha sido la fuerza más votada en el Senedd con 43 escaños sobre 96, dejando al Partido Laborista en tercera posición con apenas nueve diputados —su peor registro desde la devolución de 1999— y poniendo fin a un siglo de hegemonía electoral del laborismo en Gales, ininterrumpida desde las generales de 1922. La propia primera ministra saliente, Eluned Morgan, se ha convertido en la primera jefa de gobierno en la historia del Reino Unido en perder su escaño durante el mandato. El espacio que el laborismo ha dejado vacío lo han ocupado, en proporciones inquietantes, Plaid Cymru en clave nacionalista-progresista y Reform UK, que pasa de cero a 34 escaños y se convierte en oposición oficial.Rhun ap Iorwerth, periodista de la BBC reciclado en líder político y diputado galés desde 2013, juró el cargo de primer ministro el pasado 12 de mayo con el respaldo de Plaid Cymru y de los dos parlamentarios del Green Party. Los laboristas se abstuvieron. "Algo se ha removido en el alma de Gales", afirmó ante el Senedd. El ya primer ministro Ap Iorwerth ha optado por un gobierno en minoría con "aproximación cooperativa" antes que por una coalición formal, una fórmula que le permite preservar la pureza programática del proyecto nacionalista a cambio de tejer mayorías cambiantes. La agenda de los primeros cien días incluye la revisión del subsidio agrario poscomunitario y una reforma sanitaria que descarta toda privatización. Aunque en Gales no se ha verbalizado todavía un desafío en clave de referéndum, la conquista por primera vez del Gobierno autonómico constituye en sí misma un hito histórico.Irlanda del Norte: el nacionalismo irlandés se asienta en StormontEl caso norirlandés es el más singular porque su desafío al statu quo no es nuevo, sino la consolidación de un proceso que arrancó hace cuatro años. Sinn Féin —antiguo brazo político del IRA y formación republicana favorable a la reunificación de Irlanda— se convirtió en la primera fuerza de la Asamblea de Stormont, el Parlamento de Irlanda del Norte, en los comicios de mayo de 2022, con 27 escaños frente a los 25 del Partido Unionista Democrático (DUP), partidario de la permanencia en el Reino Unido.PublicidadEl sistema de poder compartido instaurado por el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que puso fin a tres décadas de violencia entre comunidades, exige que el primer ministro y el viceprimer ministro pertenezcan a partidos de distinta tradición —nacionalista irlandesa y unionista británica— y gobiernen conjuntamente. El DUP bloqueó la formación de Ejecutivo durante dos años en protesta por el Protocolo de Irlanda del Norte, el dispositivo aduanero pactado con Bruselas tras el brexit. Solo el 3 de febrero de 2024, tras un nuevo acuerdo con Londres, Michelle O'Neill juró como la primera ministra nacionalista, republicana y católica desde la partición de la isla en 1921.Lo que sucede en Stormont se inscribe en una dinámica más amplia. En la República de Irlanda, Sinn Féin se ha consolidado en las últimas dos décadas como segunda fuerza del Dáil —39 escaños sobre 174 tras las generales de noviembre de 2024, pese a un retroceso de 5,5 puntos respecto a 2020—, y a ambos lados de la frontera la opción de un referéndum sobre la reunificación gana tracción. La posibilidad está jurídicamente contemplada en el Acuerdo de Viernes Santo cuando el secretario de Estado británico para Irlanda del Norte considere "probable" una mayoría favorable a la unidad. La encuesta más reciente del European Movement Ireland, elaborada por Amarach Research en marzo, sitúa el respaldo a una Irlanda unida dentro de la UE en el 59% en la República y el 63% en el Norte, cifras notablemente superiores a las de hace una década. Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Féin, mantiene el horizonte de un referéndum "antes de 2030".Inglaterra: el nativismo de Farage devora al laborismoMientras tanto, en el corazón político y económico del Reino, el nacionalismo ha ocupado también el primer plano, pero articulado desde la extrema derecha. Reform UK, la formación que Farage construyó sobre los escombros del Brexit Party, lidera todas las encuestas nacionales: el sondeo YouGov para The Times y Sky News publicado el 11 de mayo le otorga un 28%, once puntos por encima del segundo, y la media de los principales institutos confirma la tendencia (Reform 28,1%, conservadores 19%, laboristas 18,9%, Green Party 14,1%, liberaldemócratas 12%). El laborismo cae al cuarto puesto en un escenario agravado por su propia crisis interna, con una guerra civil en ciernes para defenestrar a un Starmer que se niega a dimitir. El discurso con el que Farage ha desbordado a sus rivales se asienta sobre dos pilares clásicos del nacionalismo excluyente: la inmigración como amenaza existencial y la inseguridad como argumento punitivo. "El nivel de inmigración es una emergencia nacional, una invasión", afirmó el líder de Reform UK. Farage ha llegado a describir a los musulmanes británicos como "una quinta columna" y a calificar la oración del Eid celebrada en marzo en Trafalgar Square como "un intento de superar, intimidar y dominar nuestro modo de vida". El 20 de abril —58.º aniversario del discurso Rivers of Blood que el conservador Enoch Powell pronunció en 1968 contra la inmigración no blanca, considerado hoy un texto fundacional del racismo institucional británico— Reform UK presentó la Operación Restablecer la Justicia: un cuerpo policial al estilo del ICE estadounidense, revisión retroactiva de todas las solicitudes de asilo de los últimos cinco años, supresión del permiso de residencia indefinida, salida del Convenio Europeo de Derechos Humanos y un objetivo de deportaciones que podría afectar hasta a dos millones de personas. La pulsión nativista cala: las encuestas por edad de YouGov sitúan a Reform UK como primera opción entre los mayores de 50 años, mientras el progresista Green Party de Zack Polanski lidera con un 46% entre los jóvenes de 18 a 24.Un Reino desunidoEl escenario no tiene precedentes en la historia política reciente del Reino Unido y desborda los marcos que sus propias instituciones tenían pensados para él. La ola nacionalista en las periferias coincide con la decadencia acelerada del laborismo. Si la tendencia se confirma y Reform UK acaba conquistando Downing Street, el Reino Unido se encontraría por primera vez con un Gobierno británico abrazado a un nacionalismo inglés excluyente que, casi por reacción mecánica, alimentaría las pulsiones independentistas en Edimburgo, Cardiff y Belfast.El sistema político británico afronta un momento único. La devolución de competencias realizada en los años noventa pensó las naciones celtas como espacios de autogobierno dentro de un marco unionista estable; el sistema electoral mayoritario inglés —el First Past the Post— fue concebido para producir gobiernos cómodos del laborismo o del conservadurismo. Hoy, tres primeros ministros nacionalistas presionan desde las periferias y un líder de extrema derecha amenaza con conquistar el gobierno central desde una agenda de bandera, frontera y deportación. El nacionalismo, en sus dos polos enfrentados, ha pasado de corriente lateral a principal vector movilizador de la política británica.
Reino Unido se rompe en las urnas: el independentismo manda en Escocia, Gales e Irlanda del Norte mientras Farage capitaliza el voto inglés
Por primera vez desde la "devolución" de 1999, cuando se transfirieron competencias de Londres a los parlamentos nacionales, las tres naciones celtas comparten primeros ministros nacionalistas, mie...










