La temperatura del Movistar Arena ya era sofocante mucho antes de que apareciera Martin Garrix. Desde temprano, miles de fanáticos comenzaron a copar los alrededores del estadio porteño con camisetas negras, lentes oscuros, banderas argentinas y celulares preparados para registrar cada segundo de una noche que prometía descontrol. El regreso del DJ neerlandés al país, esta vez en el marco de su ambicioso “Martin Garrix Americas Tour”, no era simplemente otro recital de música electrónica. La sensación que flotaba en el aire era la de un ritual colectivo listo para explotar. Turf celebró sus 30 años con una fiesta total en Buenos Aires: entrada en descapotable, clásicos y una torta sobre el escenario La previa funcionó como una cuenta regresiva cargada de tensión. Cocho abrió la jornada mientras el público seguía ingresando al recinto y ocupando cada rincón disponible. Más tarde, Mar Monzón y Lulu Matheou tomaron el control del estadio con un set B2B que empezó a transformar lentamente al Arena en una pista de baile masiva. El golpe definitivo llegó cerca de las 20.35 con la aparición de Julian Jordan, histórico colaborador y amigo personal de Garrix.

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