Esta tecnología revolucionaria provoca cientos de miles de despidos, fuerza a las empresas a reconfigurar numerosos puestos y genera la necesidad de formación de las plantillas

Francisco Carpe supo que un contrato laboral no tardaría en llegar tras graduarse. Había estudiado programación en los años noventa. ¿Qué podía salir mal? Formada en el cambio de siglo, la generación de Carpe vio con ilusión cómo el software se convertía en la materia prima de la economía global y, principalmente, en un sector sinónimo de estabilidad laboral. Esta última promesa se ha saltado por los aires, admite Carpe. El lanzamiento de ChatGPT y Claude, entre otras herramientas de inteligencia artificial (IA), ha reescrito las normas para los trabajadores tecnológicos y, en general, para los empleados de oficina. La IA ha puesto en duda hasta qué punto son necesarias ciertas habilidades acumuladas con el tiempo en una larga lista de ocupaciones. El programador, de 48 años, que trabaja para NTTData, recuerda que optó por la informática porque era la carrera del futuro. Ahora cabe preguntarse: ¿de qué futuro hablaba?

En lo que va de año, más de 70 empresas tecnológicas han eliminado al menos 103.000 puestos de trabajo en todo el mundo, según Layoffs.fyi, una plataforma que rastrea los despidos en el sector, casi tanto como en todo 2025, cuando se registraron 124.000 bajas. Meta, la matriz de Facebook, fue la última en anunciar que ponía en la calle a 8.000 empleados, el 10% de su plantilla global. En el ámbito nacional, Capgemini abrirá un ERE que afectará a cerca de 750 personas, lo que equivale al 6,5% de la plantilla española. La mayoría de las compañías afirman que detrás de la decisión habita la necesidad de liberar capital para invertir más en IA, sin apuntar directamente a una sustitución masiva de hombres por máquinas.