Hay pasos históricos a los que, en el momento que suceden, no les damos la importancia que merecen. A veces es porque no "caben" en los medios; otras, porque entre el mucho ruido pasan desapercibidos; y también podría ser que el pasmo nos dejara mudas, mudos. Sin embargo, creo que el paso dado por el Ayuntamiento de Zaragoza en colaboración con el Arzobispado respecto a las víctimas de violencias machistas sencillamente pasa como si nada porque forma parte de algo que hemos asumido: la derecha y la ultraderecha gobernarán nuestras vidas, y por tanto las violencias que recibimos. Esto, en el caso de las mujeres resulta devastador.PublicidadEsta semana hemos sabido que el Ayuntamiento de Zaragoza —PP bailando con Vox— habilitará las parroquias de la ciudad como lugar de atención a las víctimas de violencia de género. Sí, las iglesias católicas, las mismas que consideran que el matrimonio es un "vínculo indisoluble", lo cual, parece evidente, resulta incompatible con un enfoque de protección integral de las víctimas. Además, como ha protestado el sindicato aragonés OSTA en relación con el Derecho civil español, "el sistema jurídico vigente excluye cualquier forma de mediación en contextos de violencia de género, al reconocer una situación de desigualdad estructural".Podría seguir desgranando argumentos, pero considero que a cualquier persona con criterio se le hace evidente la incompatibilidad entre los criterios de la Iglesia católica, una institución basada en la desigualdad flagrante y el desprecio por la soberanía de las mujeres, y la protección de las víctimas de la violencia de los hombres. En el mismo centro de la institución late el corazón de la violencia contra nosotras.Sin embargo, lo más relevante de este paso de la alcaldesa Natalia Chueca (PP) es su futuro. No se trata de un paso inocente ni aislado. Forma parte de un rosario de medidas que el partido conservador va promoviendo respecto a la violencia contra las mujeres. Ahí está la decisión de Isabel Díaz Ayuso de abrir centros de atención a la violencia sexual contra los hombres, o el de la propia Chueca, el año pasado, de eliminar los puntos violeta en las fiestas del Pilar y sustituirlos por algo que llamaron "espacios seguros unisex". O sea, es un paso más. Y no dude nadie de que es un paso que cundirá en otros puntos de España. Sobre todo, viendo el escasísimo rechazo que ha generado algo que debería estallar como un escándalo democrático.PublicidadEl Partido Popular, como Vox, viene de la tradición del nacionalcatolicismo franquista, y al nacionalcatolicismo franquista ha empezado a regresar, porque nunca se fue del todo. Porque no se trata sólo de las derechas extremas de este país sin memoria. Se trata de que la Iglesia católica no ha visto mermadas sus concesiones por parte del Estado ni siquiera cuando han gobernado coaliciones de izquierdas.Hace unos días las escritoras e investigadoras Esther López Barceló, Marta García Carbonell y María Palau Galdón presentaron el libro Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato. La obra trata de cómo la muerte de una de las internas logró por fin que se cerrara aquel sistema carcelario para niñas y jóvenes desobedientes, no delincuentes; lesbianas, no delincuentes; respondonas, no delincuentes. Eso sucedió nada menos que en 1985, es decir, cuando ya llevaba el PSOE de Felipe González varios años en el gobierno de España. Pero lo más escalofriante de todo aquello es que permanece. Hoy permanece. Las mismas órdenes religiosas, y en muchas ocasiones en los mismos lugares del Patronato, son quienes hoy reciben fondos públicos para "atender" a mujeres que el Estado considera de "extrema vulnerabilidad", es decir, migrantes, víctimas de trata, mujeres en situación de sinhogarismo…PublicidadAsí que el paso dado por el Ayuntamiento de Zaragoza, en colaboración con Vox, de ceder a la Iglesia la atención a las víctimas de violencias machistas no es nada nuevo ni algo que "vuelve". Estaba ya entre nosotras. El gran problema, como siempre, ha sido el brutal silencio que se ha impuesto sobre este asunto. Este, y muchos otros relacionados tanto con la Iglesia católica como con los restos (muy vivos) de la dictadura que todavía manejan sectores de la economía y la Justicia de este país. Solo quiero recordar en este punto cómo las monjas del Patronato permitían que las niñas salieran de la institución cuando iba a recogerlas su padre. En algunas ocasiones, las crías volvían de aquellas visitas paternas embarazadas. Después, gestaban ateridas, parían a gritos, veían cómo su criatura desaparecía tras el alumbramiento, y vuelta a empezar. Eso es la Iglesia católica, la que permanece, aquella a la que el PP empieza a trasladar la atención a las víctimas. Ni curas ni monjas creen en la igualdad de hombres y mujeres. Ni curas ni monjas creen otra solución que el perdón al agresor. Ni curas ni monjas deberían tratar jamás a las víctimas de violencias machistas.Preguntémonos por qué esto, que es a la vez brutal y evidente, no ha despertado el escándalo mayúsculo que merece.