La historia reciente de España, la que comienza con el fin de la dictadura, abunda en personajes fascinantes. De todos ellos, solo uno se mantiene, al cabo de medio siglo, en la cumbre del poder. Florentino Pérez Rodríguez (Madrid, 1947) es la encarnación de la habilidad política y empresarial. También es el hombre que el pasado lunes, durante su primera conferencia de prensa en 11 años, dejó boquiabiertas a millones de personas. Y no por los mejores motivos.
“Ni me sorprendió ni percibí asomos de senilidad, Florentino es así cuando no se atiene a un guion”, dice una persona que ha trabajado con él durante años. “Simplemente”, añade, “no soporta perder”.
El Florentino Pérez más humano aflora en el fútbol, es decir, en el Real Madrid. La frialdad con que se desempeña como presidente de una de las mayores constructoras del mundo, Actividades de Construcción y Servicios (ACS), suele teñirse de pasión (rara vez pública) cuando se trata del club que lo retrotrae a los sueños de infancia.
Para entender cómo Florentino ha llegado a ser Florentino, sin necesidad de apellidos ni presentación, conviene empezar por el principio. Por el niño de buena familia, sin excesos, que adoraba a Alfredo di Stéfano. Por el joven que se licenció en Ingeniería. Y por el hombre que no logró hacer carrera en la política y, sin embargo, descubrió las claves del poder.










