El primer delito de odio por lgtbifobia ocurrió en España en 1991. Aunque es seguro que previamente hubo ataques de este tipo, el asesinato de Sonia Rescalvo fue el que definió la categoría y evidenció la necesidad de poner coto a este tipo de odio. Esta mujer trans, de 45 años, fue golpeada hasta la muerte por un grupo de neonazis una noche en Barcelona hace 35 años. “En ese momento no existía aún la figura penal de los delitos de odio”, recuerda Félix Martín, fiscal provincial de Barcelona especializado en víctimas vulnerables. “Con el asesinato de Sonia no solo se buscaba dañar y matar a una persona, sino también enviar un mensaje de exclusión a todo un colectivo. Este caso nos obligó a la sociedad y a la justicia a entender que hay violencias que no son neutras”. El fiscal Martín lleva tiempo con el asesinato de Rescalvo en la cabeza. Considera que “marcó un punto de inflexión, pues evidenció que, si no se investiga el motivo discriminatorio, el procedimiento penal queda incompleto. Y aquí está el verdadero origen del desarrollo posterior de los delitos de odio”. Esta semana, en vísperas del Día Internacional contra la lgtbifobia (17 de mayo) y junto a la magistrada Vanesa Riva, Martín ha coordinado unas jornadas de tres días en Madrid centradas, justamente, en el trato de la justicia hacia víctimas vulnerables (Abordaje integral del testimonio de las víctimas vulnerables). “En el caso de Sonia, su situación de vulnerabilidad fue su sentencia de muerte”, agrega.De ahí que una de las sesiones ―dirigidas a fiscales en ejercicio y celebradas en la sede de la Fiscalía General del Estado― la dedicara a recordar el asesinato de Rescalvo. “Este caso puede mostrar a los fiscales que tenemos que estar en la vanguardia de la protección de los derechos humanos”, apunta Martín. “Lo que más se merece una víctima es que contemos la verdad, toda la verdad, de su muerte. No podemos fallar”. El asesinato de Sonia Rescalvo “evidenció la creciente violencia dirigida hacia las personas LGTBIQ+ en España”, resumen desde Amnistía Internacional. “Fue un grito de atención sobre la necesidad de protección legal para las personas del colectivo”. Actualmente, el odio lgtbifóbico está mucho más identificado que a principios de los noventa. Lo evidencia el aumento de denuncias, que prácticamente se han duplicado en dos años. Según los datos más recientes del Ministerio del Interior, de 2024, en España se produjeron 528 delitos e incidentes de odio relacionados con la diversidad sexual y de género; el 27% de la totalidad de todos los hechos de odio conocidos, en segunda posición tras el racismo. Rescalvo nació en Cuenca en 1946 y, como muchas personas trans de su generación, se vio obligada a migrar para poder ser ella misma. Lo que hoy se conoce como sexilio. Actualmente, la lgtbifobia sigue siendo la principal causa de sexilio: más del 70% de las migraciones de personas LGTBIQ+, tanto en el contexto nacional como internacional, se ven motivadas tras sufrir violencia o discriminación en el lugar de origen. Así, la mujer se instaló en Barcelona, que en aquella época se había convertido en refugio LGTBIQ+, especialmente para personas trans. Allí pudo comenzar a vivir su identidad de género con mayor libertad, aunque nunca pudo desvincularse de la precariedad. A pesar de que trabajó como vedette durante unos años, cuando fue asesinada, además de ejercer la prostitución, había tenido problemas de adicciones y dormía en la calle, en el parque de la Ciutadella, donde la mataron a golpes. Al principio, el asesinato de la mujer no se relacionó con la transfobia. De hecho, muchos medios la trataban en masculino y se referían a ella por su dead name, el nombre que tenía antes de transicionar. “Los errores más graves de la justicia no suelen estar en las sentencias, sino en cómo se construye el caso: por ejemplo, si desde el primer momento no se incorpora la discriminación como hipótesis, puede desaparecer del caso, aunque fuera el núcleo esencial de la conducta criminal”, explica Martín, que también preside la Unión Progresista de Fiscales (UPF). De ahí que la identificación del odio resulte clave para activar mecanismos de apoyo y denuncia, además de permitir mejorar la magnitud del fenómeno y su medición. “No olvidemos que casi la mitad de las víctimas [47%] nunca denuncia”, remarcan desde la Federación Estatal LGTBI+ citando el informe Estadio del odio 2026, que elaboran anualmente junto al Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC y a partir de una encuesta realizada por 40dB. “Persiste la infradenuncia a la hora de identificar la motivación lgtbifóbica”, continúan. Sin embargo, esa lgtbifobia se siente de manera más evidente en la sociedad: según el informe mencionado, las personas del colectivo perciben que en los últimos dos años han aumentado el acoso (del 27% al 40%), la discriminación (del 21% al 32%) y la violencia (del 27% al 35%) contra ellas.A diferencia de la mayoría de la sociedad del momento, las organizaciones de defensa de los derechos LGTBIQ+ sí que vieron clara la relación entre la identidad de Sonia Rescalvo y su vulnerabilidad, con el brutal ataque que sufrió, por lo que se implicaron en la causa, tanto judicial como emocionalmente. En 1993, la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español instaló una placa conmemorativa en la glorieta del parque de Ciutadella, donde dormía Rescalvo la noche que fue atacada. A partir de ese momento, el espacio se resignificó como un lugar no oficial de memoria, orgullo y resistencia. Tuvieron que pasar dos décadas para que el Ayuntamiento de Barcelona lo reconociera como tal. En 2013, cambiaron el nombre del espacio: “Glorieta de la transexual Sonia”. Y hace cinco años, en el 30 aniversario del crimen, el Consistorio añadió un panel informativo sobre Rescalvo. “Su muerte es un símbolo de la lucha por la libertad. Marcó un precedente para acabar con la impunidad de los crímenes contra personas LGTBIQ+”, explicaban las autoridades municipales en la inauguración. “Sonia abrió camino porque ahora las instituciones y la sociedad trabajamos juntos para erradicar el odio”. “Las personas trans son un objetivo perfecto de la desinformación porque reúnen tres condiciones simultáneamente: visibilidad creciente, vulnerabilidad estructural y valor simbólico en algunos debates morales que determinados grupos utilizan como palanca electoral. Son víctimas propiciatorias de los bulos; hay que combatir esto con todas nuestras fuerzas”, ahonda el fiscal Martín. Opina también que “como sociedad, tenemos una responsabilidad democrática en combatir los bulos porque no son inocuos”. “La eliminación de la lgtbifobia es una exigencia democrática básica. La libertad debe ser un ejercicio real y universal para todas las personas, sin excepción”, argumenta la presidenta de la Felgtbi+, Paula Iglesias. De ahí que considere “un deber de las instituciones del Estado establecer los mecanismos que impidan la vulneración de los derechos de cualquier sector de la población y garantizar la convivencia democrática en condiciones de igualdad, seguridad y dignidad”.El curso coordinado por el fiscal Martín va en esa dirección: “La memoria de casos como el de Sonia es muy necesaria. Nos obliga a preguntarnos si hoy haríamos lo mismo y, sobre todo, si estamos mejor preparados para no repetir los mismos errores. El contexto es distinto; los riesgos, similares, aunque con herramientas jurídicas mucho mejores”. El juicio contra los asesinos de Rescalvo, siete skins, cuatro de ellos menores, se celebró en 1994: aunque fueron condenados a más de 300 años de cárcel, en 2012 estaban ya todos libres. Además, después del proceso, en 1995, el Código Penal español introdujo los delitos de odio en su articulado (tras ser reformado por la Ley orgánica 10/1995). Desde entonces, “hemos mejorado mucho gracias a una mayor visibilización, mejor respuesta institucional o herramientas jurídicas más adecuadas, pero este camino no es irreversible. En cualquier momento puede haber retrocesos”, alerta el fiscal Martín. Los delitos de odio no sancionan ideas ni opiniones, sino conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto de discriminación. “Sin embargo, los discursos de odio facilitan la violencia, la deshumanización y la estigmatización. Reducen las barreras frente a la violencia”, explica el fiscal. “Por eso, poner atención en los delitos de odio es imprescindible para el Estado de Derecho: garantiza que la protección a toda la ciudadanía sea real y efectiva”, añade. Este año, el Día Internacional contra la lgtbifobia lleva como lema: “En el corazón de la democracia”. Eso es también parte del legado de Sonia Rescalvo: su recuerdo se ha erigido en símbolo de resistencia frente al odio.El teléfono 028 atiende a las víctimas de lgtbifobia las 24 horas del día, todos los días del año. También conocido como teléfono Arcoíris, es un servicio de información y atención a víctimas de delitos de odio y de discriminación anónimo, gratuito, confidencial y accesible. Además, se puede contactar por correo electrónico (028-online@igualdad.gob.es) o conectar a través de un chat online
El asesinato de Sonia Rescalvo, la mujer trans que puso nombre a los delitos de odio en España: “Nos obligó a entender que hay violencias que no son neutras”
El brutal homicidio en 1991, consecuencia de una paliza de siete neonazis, llevó a la sociedad a actuar ante un problema hasta entonces eclipsado. El 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la lgtbifobia








