Los aspirantes tratan de relajarse el día previo a las elecciones autonómicas tras una campaña átona en la que han buscado movilizar a los indecisos y desencantados

—Sé que hay elecciones, pero no he estado atento, porque la comunión de mi hija me ha tenido absorto estas semanas. No sé a quién votaré; es más, no sé si votaré.

Así responde Manuel, antes de meterse en el coche para llevar a su hija, su mujer y sus suegros a la iglesia donde la pequeña va a celebrar su primera comunión. El vehículo está aparcado muy cerca de donde, un par de horas después, el candidato de Por Andalucía a la Junta de Andalucía, Antonio Maíllo, ha ido a comprar pescado en el barrio sevillano de San Julián, donde reside. Este sábado es día de reflexión y entre el 15% y el 25% de los más de seis millones de andaluces llamados a votar este domingo son indecisos (a priori, a quienes está destinada esta jornada).

Y aunque se supone que la campaña finalizó este viernes y que este sábado no se puede pedir el voto, lo que hacen los candidatos en este día, aparentemente en blanco, también sirve para azuzar y llamar la atención de quienes no tienen nada decidido. Familia, amigos y vida cotidiana son los marcos emocionales que han querido presentar los aspirantes para movilizar a algún votante dubitativo. El más natural, aunque solo sea porque ha sido el único que ha convocado a los medios, sin producción detrás, ha sido Antonio Maíllo, número uno de Por Andalucía. El coordinador federal de IU ha decidido hacer lo que haría un sábado cualquiera: la compra de la semana. Ha ido a los comercios de cercanía de su barrio para comprar fruta, lubina, dorada, atún y salmón. En su paseo ha podido constatar el cariño de sus vecinos del barrio de San Julián: “¡Suerte mañana, Antonio, te va a ir bien!”, le han dicho los responsables de la pescadería y unos vecinos que se han parado a saludarle antes de entrar en su portal.