Las distintas facciones en la batalla por la sucesión al trono de Keir Starmer han adoptado una tregua de un mes, pendientes de si el alcalde de Manchester, Andy Burnham, derrota o no a la ultraderecha de Farage en la disputa por el escaño vacante de Makerfield a la Cámara de los Comunes. Esa pequeña localidad de cien mil habitantes va a decidir el destino de todo el Reino Unido.La ejecutiva laborista no ha tardado ni veinticuatro horas en dar luz verde a Burnham para que se presente como candidato, e intente obtener el asiento en el Parlamento que le permitiría desafiar a Starmer, hacerse con las riendas de laborismo y procurar frenar a Reform UK, el partido populista ultra de Nigel Farage, en las elecciones previstas para el 2029.Los poco más de cien mil habitantes de Makerfield decidirán el destino del Labour, y tal vez del paísEl poder es sin duda adictivo, y el alcalde de Manchester ha decidido jugarse toda su carrera a una carta. Si conquista el escaño, demostrará que es capaz de ganar a Farage en su propio territorio del norte de Inglaterra, la llamada “muralla roja”, y el Partido se pondrá en sus manos para que haga lo mismo en las generales. Será el héroe del momento. Pero si pierde quizá tendrá que dedicarse a otra cosa que no sea la política.Farage ya ha proclamado que “va a ir a por todas” en esa circunscripción del Gran Manchester, donde su partido capturó la mitad de los votos en las recientes elecciones municipales, apelando con éxito al nacionalismo inglés anti inmigración de la antigua clase obrera con valores socialmente conservadores, que echa a los extranjeros la culpa de la escasez de vivienda, las colas en la sanidad pública y la masificación de la educación, en vez de a las casi dos décadas de austeridad desde la crisis financiera del 2008.A todo esto, el primer ministro Keir Starmer, ya sin apenas autoridad en el Labour tras la debacle electoral, publicó ayer un video en las redes sociales sobre la manifestación de ultraderecha de hoy en Londres convocada por el neofascista Tommy Robinson, sin mencionar para nada la lucha por el liderazgo. Que vaya a seguir gobernando dentro de diez años, como dijo con arrogancia hace unos días, parece una quimera.El Parlamento entra en receso la semana que viene, después del frenesí de los últimos días. La elección de Makerfield será convocada seguramente para un jueves de la segunda quincena de junio, poco después de la cumbre del G-7 en Evian, a la que acudirá Starmer. Si Burnham gana, el escenario que más se contempla es que desafíe el liderazgo del actual primer ministro durante el verano, para que el congreso otoñal del partido sea su coronación.Pero si pierde, que no es descabellado dada la composición demográfica de la circunscripción, todos los planes de los barones del Labour se irán al garete, y volver a empezar. Wes Streeting, Angela Rayner y demás aspirantes se encontrarían una vez más en la tesitura de si desafiar o no a Starmer, y de si alguno es capaz de unir a las distintas facciones. Incluso el premier podría ver una rendija para aferrarse al poder, aunque tanto los sindicatos como los diputados tienen claro que otro ha de encabezar las tropas en las elecciones del 2029, o será una masacre como la del Somme. Todos los caminos pasan por Makerfield, un lugar del que hasta ayer casi nadie había oído hablar.Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.