Vive en Uruguay, en la zona de Mataojo. “Se llama así por el arbusto que, cuando se prende fuego, larga un humo tan denso y picante que te mata los ojos. Estoy en la sierra, a 30 kilómetros del mar, de la playa de Solanas, y a 40 minutos de Punta del Este”, dice Alberti mientras muestra su jardín florido con la cámara del teléfono. Hacemos esta entrevista mediados por la tecnología, que resiste a pesar de alguna interferencia. Cuando le digo que estoy en el barrio de Caballito, recuerda al Club Italiano, donde su padre jugaba a la paleta y de chico se quedaba a dormir en Medrano 10, la casa de su abuela, porque él vivía en Martínez, zona Norte. Es de los que hizo la colimba en el Ejército, entre Campo de Mayo, Palermo y Boulogne. “Un año perdido”, dice. Aunque se anotó en la Facultad, en Administración de Empresas para tener la excusa de no ir todos los días. “Pero nunca fui, todo mentira”, agrega risueño. Con humor sagaz y mente veloz, uno de sus logrados distintivos es la creación de palabras, desopilantes neologismos que incorpora a sus shows y quizá a su vida cotidiana. Por eso cuenta en serio y en solfa, que “desde el domingo 12 de abril, en las misas de las 22, el Teatro Picadero abre sus puertas para una revelación que cambiará vuestra fe, vuestra digestión y posiblemente vuestros triglicéridos… Embuídos en la palabra de nuestro mártir, conoceremos su vida, su obra y su santa apocalipsis”, dice ya poniéndolo en boca del personaje de Peperino Pomoro, invitando al público para asistir a su nuevo espectáculo “La Apocalipsis Existe”. Fabio Alberti, actor y conductor radial, ganó fama por su actuación en los programas televisivos cómicos “Cha Cha Cha” y “Todo por dos pesos” y, en especial, por sus personajes del sacerdote que ahora lleva al teatro, y el de Coti Nosiglia en el programa ficticio “Boluda Total”.
Fabio Alberti: “No todos nos reímos de lo mismo”
Con un nuevo espectáculo, el humorista revisita a sus personajes más icónicos y reflexiona sobre el humor, sus límites y su vigencia.








