El cómico y actor, de 48 años, estrena la segunda temporada de ‘Poquita fe’, continúa en el programa de Buenafuente y cubre la ausencia por enfermedad de Javier Cansado en ‘Ilustres ignorantes’
Cimas cita en un bar del pueblo donde vive hace tres años. Un municipio de Guadalajara famoso por tener playa de embalse y una central nuclear clausurada, al que se llega por una carretera lle...
na de curvas y huertos solares. Paradojas de aquí y ahora. Al llegar, y toparnos con el bar de la cita cerrado, le vemos pasar conduciendo afanoso un utilitario que hace tiempo no pisa el lavadero y le seguimos hasta otro restaurante. Una vez instalados en una mesa alta en la puerta, empieza a llegar un goteo de trabajadores a ventilarse el menú del día que saluda al personal y se le queda mirando como pensando: te conozco, pero no sé bien de dónde, mientras él devuelve el saludo y ni confirma ni desmiente que es famoso. Antes, nos había obsequiado al fotógrafo y a mí con sendos tarros de miel de la Alcarria. “No me gustan las entrevistas, no me fío un pelo de vosotros y así os compro”, nos suelta. La primera, en la frente.
¿Por qué no le gustan las entrevistas?
Porque me sacas de mi sitio de confort. Se trata de dar respuestas, y yo trabajo generando preguntas. Hay cierto misterio ahí, tu trabajo es destripármelo y el mío, defenderme. Además, una entrevista para el culo [la contraportada] del periódico, que lo leen hasta los que no lo compran. Mucha responsabilidad, una putada.






