Las fluctuaciones oscilatorias en el tamaño de la pupila de los ratones están relacionadas al procesamiento de los recuerdos

Cuando estamos despiertos somos conscientes y podemos influir voluntariamente en nuestros pensamientos y en lo que vemos y oímos, es decir, en las percepciones que tenemos utilizando nuestros sentidos. Pero nunca somos conscientes ni podemos influir de ese mismo modo en la actividad que las diferentes neuronas de nuestro cerebro están teniendo en cada momento para que esos pensamientos y percepciones sean posible.

Somos, por así decirlo, ignorantes del trabajo que continuamente realizan nuestras neuronas. Siendo así, parece imposible una especie de ventana natural exterior que nos permitiera saber directamente sin la ayuda de instrumentos cuando el cerebro está realizando el trabajo que hace posible que lo que aprendemos cotidianamente no se nos olvide. Pero los investigadores han descubierto esa ventana en las pupilas de los ojos.

Ya hace tiempo que sabemos que las memorias no se forman instantáneamente cuando aprendemos, pues inicialmente solo se produce un registro de ellas en las neuronas, una grabación lábil que necesita fortalecerse y estabilizarse para no desaparecer. Ese fortalecimiento, llamado consolidación de la memoria, tiene lugar durante el sueño de cada noche en lugares del cerebro como el hipocampo, cuando las mismas neuronas implicadas en lo aprendido emiten unas descargas rápidas sincronizadas que se han considerado como un repaso acelerado de la misma actividad que sostuvieron durante el aprendizaje.