La insólita reunión entre el director de la CIA y el ministro del Interior cubano supone el mayor hito en dos meses de opacas negociaciones marcadas por la asfixia casi total del país

En una solemne sala de reuniones de La Habana, el director de la CIA sentado en la misma mesa frente al ministro del Interior y al jefe de la inteligencia cubana. Una escena impensable, casi una herejía durante tantas décadas, se ha hecho realidad este jueves. La reunión, incluida una serie de fotos del encuentro publicada por la propia agencia de inteligencia estadounidense, es hasta ahora el mayor hito en los dos meses de opacas negociaciones en marcha entre Washington y La Habana. El simbólico encuentro, donde ambas partes han anunciado que se comprometen a “abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad”, llega en un momento de máxima debilidad para el castrismo, asfixiado como nunca por el cerco energético impuesto desde finales de enero por Donald Trump.

Un día antes de que el Boeing C-40B Clipper, el avión de los viajes de Estado, aterrizara en La Habana con una delegación oficial encabezada por John Ratcliffe, el director de la agencia de inteligencia, las autoridades cubanas habían anunciado un nuevo y catastrófico parte de guerra. “No tenemos absolutamente nada combustible. Ya no tenemos reservas”, dijo en la televisión cubana el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy. El día del anuncio, el miércoles, la isla sufrió apagones que en algunas zonas alcanzaron las 22 horas sin luz, una constante durante los últimos meses. La crisis terminal de abastecimiento está además desencadenando problemas graves en servicios básicos como hospitales o transporte. Los cubanos, cada vez más al límite, miden sus protestas con caceroladas, calles cortadas por la basura acumulada a la que prenden fuego, o gasolineras que no funcionan atacadas a pedradas. En medio del colapso, el aparato represivo castrista es de lo poco que sigue en pie.