La relación entre los dos adversarios ha estado dominada por los desencuentros, los bloqueos, los sabotajes y algún acercamiento puntual

La negociación entre el régimen cubano y la Administración Trump ha llegado tras uno de los mayores momentos de presión de Estados Unidos contra la isla, en una historia de décadas de desencuentros, bloqueos, sabotajes y algún acercamiento puntual entre dos vecinos separados por un hilo de agua, que se miran al uno al otro como en el espejo de Blancanieves: para reafirmarse en su impresión de que, reflejado en el otro, el uno e...

s el país más guapo.

Hace doce años, el presidente demócrata Barack Obama dio un vuelco a los lazos entre los dos enemigos al anunciar en Washington, en paralelo con Raúl Castro en La Habana, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la isla. Un paso que fue impensable durante décadas y que puso fin a más de medio siglo de distanciamiento entre Washington y un país a solo 150 kilómetros de sus costas, pero con el que estuvo a punto de entrar en una guerra nuclear y contra el que mantiene un embargo económico desde entonces.

Hasta ahora, aquel chispazo de acercamiento —solo duró tres años, hasta que la llegada de Trump al poder le puso fin— había sido el momento más dulce, quizá el único, entre dos sistemas opuestos, que se detestan con esa hostilidad y desconfianza solo posible en las relaciones que un día fueron muy íntimas y muy apasionadas: más de 2,5 millones de personas de origen cubano viven en Estados Unidos, frente a los 10 millones que habitan la isla; detalles como las marcas de los vehículos vintage que circulan en Cuba o el amor nacional al béisbol son vestigios de la fortísima influencia que Estados Unidos ejerció en su vecino hasta la llegada del castrismo.