Ramon Aymerich
Redactor jefe de Internacional
Solo unos minutos después de comenzar la primera reunión de la cumbre entre China y Estados Unidos, Xi Jinping le soltó una advertencia a Donald Trump sobre Taiwán. Si Washington gestiona mal la cuestión de la isla, le dijo, los dos países pueden entrar en “una situación extremadamente peligrosa”. Poca broma para los oídos de alguien como Trump, al que China trata con el máximo respeto que merece dándole acceso al Templo del Cielo, entre otros gestos simbólicos.
Las palabras de Xi revelan la confianza que el presidente chino tiene en su fortaleza. En que, esta vez, las cartas juegan a su favor. Cierto: China tiene problemas demográficos, y las exportaciones de su industria manufacturera no avanzan al ritmo que desearía. Supo hacer acopio de reservas de petróleo para cuando las cosas se pusieran mal en Irán. Pero un día esas reservas se acabarán, y su incomodidad con el cierre del estrecho de Ormuz es grande.
Dicho esto, los ideólogos del Partido Comunista no se han cansado de repetir que China es la fuerza ascendente, la que garantiza la estabilidad mundial frente al aventurerismo de Estados Unidos. Para ellos, la gran potencia occidental está en declive, y Donald Trump, con su aventurerismo y sus decisiones imprevisibles, no hace más que acelerarlo.










