—Internet nació con una promesa explícita de democratización: acceso universal, horizontalidad, el fin de los intermediarios. Hoy, uno de sus dueños más poderosos usa esa misma infraestructura para concentrar poder a una escala sin precedentes. ¿Qué falló en aquella promesa? ¿Fue una ilusión desde el principio, una oportunidad perdida o algo que fue activamente destruido? —Es una gran pregunta. El potencial democrático de internet es algo sobre lo que la gente viene escribiendo y reflexionando desde hace mucho tiempo. Diría que, en el origen de internet, no fue concebida precisamente como una tecnología democrática o democratizadora, sino más bien como un proyecto del ejército de Estados Unidos destinado a llevar capacidad de cómputo al campo de batalla. Era, esencialmente, una manera de distribuir los recursos de información que el Pentágono tenía a su disposición, en un intento por librar guerras de manera más eficaz. Pero, como usted señala, la arquitectura de la tecnología sí tendía hacia cierto grado de descentralización y, a medida que fue adoptada y desarrollada durante los años 80 y especialmente en los 90, muchos de sus impulsores comenzaron a ver en internet algo inherentemente democratizador como tecnología. Ahora, desde la perspectiva de 2026, muchas de esas promesas parecen haberse roto o quizá hayan sido, en cierta medida, ilusorias desde el principio. —La pandemia obligó a millones de personas a migrar su vida entera a plataformas privadas, trabajo, educación, salud, vínculos sociales. ¿Ese proceso de digitalización forzada fue el momento en que la captura privada de internet se volvió irreversible, o paradójicamente creó las condiciones para que más gente entendiera de quién dependía?
Ben Tarnoff: “Musk es un modelo político-económico, como Henry Ford dio lugar al fordismo”
El escritor, historiador, analista tecnológico y autor, junto con el filósofo Quinn Slobodian, del libro “Muskism: A Guide for the Perplexed”, analiza el surgimiento del muskismo como una nueva síntesis entre poder tecnológico, inteligencia artificial, nacionalismo y desglobalización. A partir de la figura de Elon Musk, explora la creciente integración entre Silicon Valley y el Estado estadounidense, el avance de la IA como reorganizadora de la vida social y el desplazamiento de la política hacia una lógica de redes, memes y conflicto permanente. También aborda el vínculo de Musk con la extrema derecha global, el rol de X y Grok, y las tensiones entre soberanía nacional y poder transnacional de las grandes tecnológicas.







