En un discurso más calmado que el de su oponente, el cofundador de la empresa de inteligencia artificial ha contado cómo Musk trató de que Tesla absorbiera la compañía y ha insistido en la importancia de su faceta filantrópica
Dos semanas después del arranque del mediático juicio que enfrenta a dos de los grandes gigantes de internet, Elon Musk contra OpenAI, la pionera de la inteligencia artificial, llega el turno de que suba al estrado Sam Altman, cofundador, ejecutivo principal y consejero delegado de la empresa matriz de ChatGPT. Ante la jueza ...
Yvonne Gonzalez Rogers y ante los nueve miembros del jurado han declarado estas semanas desde el propio Musk hasta Satya Nadella, director ejecutivo de Microsoft y gran inversor de OpenAI, pero ahora le toca el turno a Altman, al fin y al cabo, el principal objeto de la demanda. El empresario ha estado uns cuatro horas en el estrado, en un tono pausado y tranquilo, exponiendo un enfoque muy distinto al de su competidor.
Musk busca demostrar que, cuando invirtió 38 millones de dólares en OpenAI, hace más de una década, sus intenciones eran bondadosas, y buscaba que se enfocara en el bien de la humanidad, pero que luego Altman y los suyos cambiaron el modelo, de entidad sin ánimo de lucro a empresa con ánimo lucrativo, lo que con el tiempo —y con el fundador de Tesla ya fuera de la misma— les convirtió en multimillonarios. Por ello, Musk les denunció hace dos años y exige nada menos que 150.000 millones de dólares. Pero antes tendrá que convencer al jurado y a la juez, que escucharán a decenas de testigos. Este martes, Altman ha quedado retratado como alguien mucho más comedido que el denunciante, aunque no sin ansias de dinero y de poder: llegó a plantearse una carrera como gobernador de California.














