No pasa una semana sin que Elon Musk dé razones para no usar su red social X. Esta vez, Musk se ha peleado con su propia inteligencia artificial, ha dicho que le avergüenza que responda cosas que difieren radicalmente de su propia y retorcida percepción del mundo y ha prometido ”reescribir el corpus del conocimiento humano” para instruir a la próxima versión. El profesor de Ciencias de la Información de la Universidad de Indiana Ted Underwood ha dicho en Bluesky que esto “desafortunadamente está a nivel del Michelson-Morley [qu...

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e intentó medir un “éter luminoso” solo para descubrir que no existía] en la lista de importantes experimentos fallidos”. Puede ser que Musk, muy a su pesar, haya descubierto empíricamente aquello de lo que bromeaba Stephen Colbert hace años: que la realidad tiene un claro sesgo de izquierdas.

Sin embargo, casi tan importante como marcharse de X es buscar una alternativa. Cuenta la tradición que Francisco de Borja quedó tan impresionado al ver el cadáver descompuesto de la emperatriz Isabel de Portugal, una de las mujeres más bellas de su tiempo, que prometió “ya jamás servir a señor que se pueda morir”. Es lo que ha pensado mucha gente cuando lo que era Twitter se echó a perder. Según un informe del departamento de I+D de la BBC, se está produciendo una división clara entre “las actuales plataformas, donde una mayoría de usuarios van a consumir contenido de forma pasiva” y, poco a poco, cada vez más espacios donde “la gente busca una conexión social más directa y más alineada con los intereses de sus usuarios”.