Los azulgranas marcan la diferencia en apenas un cuarto de hora con goles de Rashford y Ferran Torres ante un rival estéril y sin juego para discutir el alirón de un enfebrecido Camp Nou

El Barça cantó el alirón más inédito, sonoro y deseado después de noquear al Madrid en el Camp Nou. Aunque no ha sido la Liga más brillante, la celebración del título pasará a la historia porque se consumó en el clásico, el partido cumbre de un torneo presidido por la regularidad del Barça, un equipo honesto, ambicioso y anoche tan serio como resplandeciente, consciente de la importancia del momento, fortalecido por la impaciencia y la fiebre de la hinchada, satisfecha más que feliz con el 2-0. El Madrid nunca se recuperó del ataque de vértigo que le dio en el Bernabéu después de ganar por 2-1 y propiciar la revancha del Barcelona.

Vinicius convirtió aquella victoria colectiva en un agravio personal cuando fue sustituido y desde entonces ha habido más interés por las listas de convocados, alineaciones y sustituciones, y últimamente incluso por los entrenamientos, que por los partidos del equipo que ha acabado por entrenar el templario Arbeloa y del que se ha desentendido el pichichi Mbappé. Los barcelonistas en cambio cierran el campeonato a falta de tres jornadas con la especial participación de jugadores que no tienen asegurada precisamente la continuidad para la próxima temporada como son Rashford y Ferran Torres, por no hablar de Lewandowski.