El debate que me gustaría ver es a políticos inteligentes discutiendo sobre fondos para prevenir enfermedades infecciosas

Ver a los políticos discutir de cargas virales, confinamientos obligatorios y números de reproducción básica (R0) me llena de ternura. Incluso si un político insinúa que Pedro Sánchez es

oticia-abascal-asegura-sanchez-capaz-provocar-epidemia-antes-hablar-corrupcion-20260507135354.html" data-link-track-dtm="">capaz de provocar una epidemia, está planteando una cuestión interesante, porque ¿cómo se hace eso? Que un brote de hantavirus se politice no es malo en sí mismo. Es solo que yo preferiría que la discusión política fuera otra: ¿cuántos recursos deberíamos dedicar al estudio de los virus potencialmente peligrosos? ¿Qué tipo de proyectos de investigación debemos apoyar? ¿Cómo atraer inversión privada a esos proyectos? Si los políticos están tan preocupados por el hantavirus como aparentan estos días, que empiecen a buscar la pasta.

Lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario, y el mejor ejemplo nos viene de América, igual que el hantavirus. El secretario de Salud de Estados Unidos, Robert Kennedy, se cargó el año pasado los Centros de Investigación en Enfermedades Infecciosas Emergentes (CREID, Centers for Research in Emerging Infectious Diseases), que estaban dedicados a estudiar los virus que saltan de animales a humanos, incluido el hantavirus subtipo Andes que ha causado el actual brote. Los CREID dependen de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud), el mayor financiador mundial de la biomedicina pública, que están bajo el control de la secretaría de Salud. Kennedy es un conocido activista antivacunas, pero los virus emergentes en general no parecen ser de su agrado tampoco.