‘El Mago Oscuro’ ofrece imágenes y un testimonio humano inédito que recuerdan la época de esplendor del alpinista estadounidense

Dean Potter tuvo una pesadilla recurrente que le persiguió como su sombra: caía al vacío y despertaba justo antes de estrellarse. Murió miles de veces antes de fallecer realmente, y cuando lo hizo fue tal y como su sueño vaticinaba: chocó a 160 kilómetros por hora contra una roca durante un vuelo de proximidad de salto base. Potter, estadounidense, desapareció en 2015 a los 43 años consagrado

-frustrados.html" data-link-track-dtm="">como una estrella de la escalada sin cuerda y del slackline, así como del vuelo con traje de alas llevado a su extremo. El documental de HBO Max El Mago Oscuro recoge en cuatro episodios su recorrido vital y se trata de una producción tan impresionante que, en comparación, el oscarizado Free solo resulta un metraje aburrido. También se puede afirmar que nadie, salvo su reducidísimo grupo de fieles, llegó a conocer y entender su personalidad desdoblada entre la genialidad y la más profunda de las oscuridades.

Dean Potter se hizo un nombre en el californiano Valle de Yosemite, la meca mundial de la escalada a la sombra de las paredes de El Capitán y el Half Dome, en un lugar donde tradicionalmente las gestas siempre se han dado a base de egos gigantescos, comportamientos de machos alfa, testosterona, rivalidades infantiles y grupos masculinos cerrados. Es decir, un escenario más primitivo que humano. Dean Potter fue el rey de la manada entre el año 2000 y el 2010, es decir hasta que llegó un tal Alex Honnold y lo destronó a patadas. El Mago Oscuro recoge con precisión los momentos álgidos de su época de escalador estrella gracias a una baza fundamental: la hermana de Dean cedió a la productora los diarios íntimos del escalador, y son estos los que vertebran la serie junto al testimonio descarnado de los que fueron (y dejaron de ser) sus amigos, así como de sus dos parejas: Steph Davis y Jen Rapp. Potter fue el primero en considerar realmente la posibilidad de escalar sin cuerda El Capitán, y se puso manos a la obra hasta que descubrió que el miedo a morir en el empeño sería un freno insuperable. Buscó las líneas en la pared más sencillas, pero aún así nunca fue capaz de lanzarse de lleno, desnudo, en su temerario proyecto. Ahí empezó su tormento interior, o quizá solo se agudizó la batalla entre su yo expansivo y el más oscuro.