Los Piolets de Oro reconocen al francés con una categoría especial recién creada al alpinista más prolífico, un portento físico que lucha también contra los límites de su mente y que representa el futuro de su deporte
Único, inclasificable, revolucionario, incansable, adelantado a su época, polifacético, físicamente inalcanzable… Nadie sabe bien dónde encajar al alpinista y guía de montaña francés Benjamin Védrines (33 años). Tanto es así, que el jurado de los Piolets de Oro anunció hace unos días que le premia en una nueva categoría, una creada a su ...
imagen, reconocimiento a un sinfín de ascensos veloces, escaladas al límite, descensos en esquí alucinantes o vuelos en parapente inéditos perpetrados estos últimos tres años. Los Piolets de Oro, creados para premiar anualmente a la mejor actividad de alpinismo, se quedarían cortos o deberían premiarle cada año: incansable, encadena proezas a un ritmo que nadie ha sido capaz de mantener antes que él. Le premian por representar “el futuro del alpinismo”, un camino que Védrines transita desde hace un lustro, al menos. El galo es la síntesis perfecta de los gloriosos apellidos del alpinismo del país vecino: veloz como Louis Lachenal, explorador como Lionel Terray, elegante como Gaston Rébuffat, creativo y técnico como Jean Christophe Lafaille, bulímico y volador como Christophe Profit o Jean Marc Boivin, filósofo y puro como Patrick Berhault, veloz en los ochomiles como Marc Batard…






