La joven española del UAE, segunda en la durísima ascensión a Les Praeres, queda a 18 segundos de la veterana neerlandesa antes de la exigente última etapa

Paleta infinita de verdes bajo el chaparrón asturiano y Anna van der Breggen mira hacia atrás. Lo hace una sola vez camino a lo alto de Les Praeres, durísimo puerto asfaltado por el ayuntamiento de Nava y el gobierno del Principado en 2018 para estrenar la llegada en la Vuelta masculina. Cruza la meta exhausta la neerlandesa, casi sin aire, pero vencedora de la penúltima parada de la ronda femenina. Por detrás, tensa y empapada sobre la Colnago,

aula-blasi-otras-huyen-de-la-presion-yo-la-necesito.html" data-link-track-dtm="">Paula Blasi detiene el contador a solo ocho segundos. Rebajado el pulso, es momento de pensar en el último baile: el temido Angliru.

“Me quedo con un sabor agridulce, porque me ha faltado cadencia en la subida y me da rabia, porque me encontraba bastante bien”, confía Blasi sobre el mullido colchón natural en el que recupera aire. “Esto me da más motivación para la etapa de mañana. Hoy no esperaba estos rampones y he podido estar ahí, peleando hasta el final”, añade, segunda en meta muy por delante de dos vencedoras del Tour de Francia, Pauline Ferrand-Prévot y Kasia Niewiadoma: “Cuando he visto a Kasia quedarse, he pensado, vale, me va a tocar luchar por el podio de esta Vuelta a España”.