Desde Lausana hasta Niza, del 1 al 9 de agosto, será un recorrido accidentado con récord de distancia y premios congelados
Planche des Belles Filles en 2022, Tourmalet en 2023, Alpe d’Huez en 2024, Joux Plane en 2025… Cada año, el Tour femenino en su nueva versión, organizado por ASO como el masculino, descubre, junto a una campeona –Van Vleuten, Vollering, Niewiadoma, Ferrand Prévot—una nueva subida de las que construyeron el mito de la grande boucle. En 2026 toca el gigante de Provenza, el temible Mont Ventoux, que ascenderán el viernes 7 de agosto, séptima etapa. Será el momento en el que Francia entera contendrá la respiración deseando que su Ferrand Prévot mantenga el pulso y la fuerza que la condujeron a la victoria del Tour del 25 y la convirtieron en la gran figura, la más popular, de todo el ciclismo francés, hombres incluidos, por supuesto.
El recorrido, que se inicia en Lausana, en las empinadas riberas del lago Léman, el sábado 1 de agosto, y desemboca en Niza, el domingo 9, con el final habitual de la París-Niza masculina y su col d’Éze, tampoco desagradará a Mavi García, la reina del ciclismo español que ganó una etapa el Tour pasado, ni a las jóvenes que llegan, medallistas también en los Mundiales, Paula Blasi y Paula Ostiz. Serán tres etapas para sprint, tres de media montaña a través del Jura, las colinas de Borgoña y el Beaujolais, y dos de montaña con un poco de Alpes, y una corta y accidentada contrarreloj de 21 kilómetros en Dijon.







