El Allez Pauline! resuena en las rampas de la Madeleine, a seis kilómetros de la cima, donde muchos aficionados exhiben cartones con el nombre de la ciclista francesa. Allí alientan a Pauline Ferrand-Prévôt sus padres, Sylviane y Dany. La madre le ofrece a la hija el último bidón. “Cuando lo cogí, no quería mirarlos porque si no, sabía que iba a empezar a llorar”. El padre sonríe a la cámara y levanta el puño con alegría. Su hija está en cabeza, se va a vestir el maillot amarillo y a convertirse en la primera mujer de su país en ganar el Tour desde 1989, aunque los comentarios de France Info, la emisora de noticias francesa, hayan enfadado a Jeannie Longo, la súper campeona de su país. “Me sentí un poco deprimida. Decían que podría convertirse en la primera francesa en ganar el Tour desde Bernard Hinault en 1985, y yo lo gané en 1987, 88 y 89”, y añade: “Nos olvidan e incluso siento que nos pisotean”.

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A su ritmo, infernal, la veterana corredora francesa de 33 años, consigue la hazaña un año y seis días después de darse un baño de masas en París, cuando consiguió la medalla de oro de los Juegos Olímpicos en la modalidad de montaña. Allí también estaban Sylvaine y Dany con el Allez Pauline! impreso en sus camisetas. De aquel día aprendió lecciones que recordó en la Madeleine. “Supe que tenía que gestionar esta energía durante hora y media, era un poco como el esfuerzo en bicicleta de montaña donde tienes que llegar a la zona roja y no pasarla”.