Los años parecen avanzar más despacio en la pista de baile del Centro de Mayores Conde de Elda. Mientras unas parejas se deslizan al ritmo del pasodoble sobre el parqué de madera, otras más atrevidas se dejan llevar por el reguetón. A las siete de la tarde, el salón principal está a rebosar: los usuarios cambian la rutina de las tardes en casa por dos horas de música y conversación. Algunos acuden desde hace más de una década; otros llegaron tras enviudar o jubilarse, en busca de nuevas amistades. Pero el ambiente festivo se interrumpe de pronto. La música se detiene y los socios recogen pancartas en el vestíbulo. “No al cierre, 1.500 abuelos fuera”, se lee en una. Decenas de mayores se concentran después a las puertas del edificio para protestar contra el cierre del centro, un espacio que durante casi medio siglo ha formado parte de la vida cotidiana del barrio del Pilar, en el distrito Fuencarral-El Pardo.El conflicto estalló después de que una inspección rutinaria del Área de Urbanismo detectase que el inmueble estaba funcionando sin licencia de actividad, una irregularidad que derivó en la apertura de un expediente por parte de la Agencia de Actividades del Ayuntamiento de Madrid. Tras ello, la Fundación Montemadrid ordenó el cierre de las instalaciones, gestionadas desde hace tres años por la asociación Acumafu y anteriormente vinculadas durante 44 años a la antigua Fundación Caja Madrid. Un portavoz del Consistorio sostiene que el edifico contaba con licencia desde el año 1979, al mismo tiempo que afirma que se comprobó en una inspección reciente que no existía licencia de funcionamiento, una aparente contradicción que la fuente evita resolver.Aunque el convenio de cesión establecía que las licencias eran responsabilidad de Acumafu, la asociación asegura que nunca recibió advertencias sobre la situación legal del edificio y defiende que el centro operaba en las mismas condiciones que su sede de Fuenlabrada. Ahora, mientras Acumafu tramita allí una licencia de actividad para garantizar su continuidad, los 1.554 socios del centro del barrio del Pilar tratan de evitar quedarse sin el lugar que se ha convertido en el eje de su vida social. “No entendemos los motivos de la Fundación Montemadrid para dejar en la calle a los 1.554 socios”, lamenta María Teresa de Diego, portavoz de la plataforma creada por los usuarios. En una conversación telefónica con la entidad, una operadora ha evitado responder las preguntas de este periódico y lo ha emplazado a enviar un correo electrónico.El malestar y la sensación de injusticia dominan las conversaciones entre los mayores. María Llorente, de 72 años, encontró en el centro un refugio cuando su vida se resquebrajó tras la muerte de su marido. “Me he quedado viuda y aquí he encontrado una razón para vivir”, cuenta mientras contiene las lágrimas. La comunidad que se ha forjado entre las cuatro paredes del establecimiento y el sentimiento de pertenencia que comparten muchos usuarios se han convertido en un apoyo esencial para personas que no quieren sentirse “un estorbo” para sus familias. “Los hijos están trabajando y los nietos estudiando”, resume. En el centro, explica, se siente escuchada, acompañada y, sobre todo, útil. “¿Alguien sabe lo importante que es algo tan simple como salir a bailar?”, se pregunta. Y vaya si lo es. “Queremos bailar, queremos bailar”, repiten una y otra vez los usuarios concentrados a las puertas del centro. Pero la danza es solo una parte de la actividad diaria del Conde de Elda. En sus salas también se imparten talleres de ajedrez y pintura, clases de informática, corte y confección o inglés, además de campañas de prevención de robos y estafas y actividades contra la soledad no deseada. Ángel Acebrón, otro de los socios, participa en cuatro actividades a la semana y, “si se puede”, también en los bailes. “La alternativa es apuntarte a los talleres del Ayuntamiento y entrar en una lista de espera interminable. Igual ni llegas a entrar y te quedas sin hacer nada”, lamenta. Los mayores denuncian que la oferta pública disponible resulta insuficiente para absorber a todos los usuarios. “Vas al Ayuntamiento o a la Comunidad y está todo lleno, siempre hay cola”, protesta María Llorente.Los usuarios defienden la gestión que hace Acumafu del centro mientras comen discretamente unos bocadillos de jamón york y queso que la asociación había repartido entre los asistentes al acto de protesta. “Hace poco estábamos sentados en un banco en la plaza de fuera y vino un señor muy mayor. Preguntó por el número 16 de la calle de Ponferrada porque su doctora le había recomendado este centro tras quedarse viudo; le iba a venir muy bien”, relata Antonio Márquez, socio del centro desde la etapa en que lo gestionaba la Fundación Caja Madrid.A las once de la noche empezaron a abandonar el recinto las primeras personas a cuentagotas, hasta que media hora después llegó la gran desbandada. Los mayores, exhaustos tras varias horas de protestas y reivindicaciones, se despiden entre abrazos y con la promesa de no dejar de luchar por mantener abierto el centro que “les da la vida”. En el salón de baile, decorado con motivos festivos y compartido con la cafetería, el tiempo parece recobrar su ritmo habitual, a la espera de la próxima clase… si es que logra seguir abierto.
Del pasodoble a la protesta: 1.500 socios dicen no al cierre del centro de mayores madrileño que les da “una razón para vivir”
La Fundación Montemadrid clausurará el establecimiento el 1 de junio, después de que la Agencia de Actividades constatase que el inmueble llevaba operando 47 años sin licencia urbanística






