Solía decir Edward Bunker, el escritor recluso, el autor de No hay bestia tan feroz y Perro come perro, el atracador que acabó su vida como actor (se le puede ver en Reservoir Dogs), que hay dos tipos de carrera, y que tienes suerte si puedes elegir la tuya. Porque, dice, aquellos que pasan al lado salvaje a una tierna edad —aquellos que cometen un primer delito por necesidad o tradición familiar—, no les queda otra que seguir ascendiendo por ese camino, porque la sociedad no te quiere de su parte. Vives en otro mundo, el mundo de los malos, y tienes que medrar. Nadie lo entiende, decía Bunker, pero así es cómo funciona. Hay dos mundos. A él, como al protagonista de El amo del corral, la obra maldita del desconocido —y malogrado: se quitó la vida a los 33— Tristan Egolf, le tocó aquel que el sistema no aprueba porque lo contradice, o lo pone contra las cuerdas o simplemente trata de reventarlo. La pregunta es por qué. Y todas las respuestas están en esta novela que jamás encontró editor en Estados Unidos hasta que no fue un éxito fuera.¿Que cómo es la historia? Como sigue. Egolf era un tipo incómodo. Aunque para cuando empezó a presentar El amo del corral a las editoriales norteamericanas —él, un nacido de casualidad en El Escorial y criado por entre Washington y un pueblo de Indiana— tan sólo era un chaval metido en una banda punk que había escrito una novela —esta— sobre un personaje, John Kaltenbrunner, un niño prodigio del establo —a los diez años ya tiene un pequeño imperio de palomas mensajeras y pollos de corral— al que la vida pone la zancadilla una y otra vez. Pero ¿qué pasa cuando a Kaltenbrunner la vida —o cualquiera —le pone la zancadilla? Que él se venga bestialmente, es decir, recibe el golpe pero lo devuelve multiplicado. Provoca altercados, destruye cosechas, acaba, a veces, literalmente, con quien sea que trate de fastidiarle, ingeniosa y, por qué no decirlo, justamente. La novela se publicó en Francia en 1998, luego Egolf, como su protagonista, se volvió un tipo incómodo. Por entonces tenía 27 años.Se diría que su historia no existiría si no hubiera conocido a la hija de Patrick Modiano cuando hacía de músico callejero en París, Marie. Marie y Tristan salieron juntos una temporada, y ella consiguió que en Gallimard leyesen su incendiaria novela. Fascinados, la publicaron. Fue un pequeño enorme éxito, que, con el tiempo, cayó en el olvido, pero no sin antes dar el salto a Estados Unidos. Cuando Egolf volvió, ya había escrito otra novela, y se las veía con todo aquello de su país que no le gustaba —profundamente antibelicista, era un antisistema al que el sistema ignoraba—, había sido padre y había publicado un disco con su banda. Todo parecía ir viento en popa. Pero nada iba viento en popa. El lector que se apasione por El amo del corral, y créanme, apasionará a todos aquellos a los que apasiona John Irving, pero también a los que apasiona Thomas Pynchon, y por supuesto, John Kennedy Toole —Kaltenbrunner podría ser una versión activa de Ignatius J. Reilly— tiene otra excelente novedad a la que recurrir.Su título es La invención de Tristan, es obra de Adrien Bosc, y aunque es una novela, podría pasar por una biografía, porque el narrador es un tipo obsesionado con Egolf —un periodista, un fact-checker, alguien llamado Zach Crane— desde que encuentra un ejemplar de El amo del corral en una librería de segunda mano en Francia. Incapaz de entender por qué nunca fue aceptado en su país —que también es el suyo— reconstruye su vida a partir de hechos probados, en una investigación periodística que tiene todo lo que resulta siempre apasionante de una novela de redacción sin redacción. Convierte Bosc el culto por la novela en culto por el autor, explicando, con una capacidad para la prosa cristalina —a lo Emmanuel Carrère— asombrosa, los mecanismos que llevan de uno a otro, tan inevitables en el mercado editorial. Leánlas, si pueden, juntas, o una tras otra. Es como asistir al nacimiento de un continente inexplorado, el eslabón perdido de la narrativa norteamericana de los noventa.El amo del corralTristan EgolfTraducción de Jaime ZulaikaSeix Barral, 2026536 páginas. 23,90 euros.