El estudio de 900 casamientos dibuja la red de poder de los distintos clanes de la ‘Ndrangheta calabresa
A Giulia Immaculata, de 13 años, sus padres, del clan Coluccio, la obligaron a romper con su novio para casarse con Cosimo Commisso, sobrino de Vincenzo Macrì, líder entonces (2014) de uno de los clanes más destacados de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa. El caso, extremo, muestra cómo dentro de esta organización las bodas van más allá del amor; son un asunto familiar. Ahora, el análisis de centenares de enlaces matrimoniales dentro de esta organización muestra cómo las familias más poderosas ocupan el centro de la red. El trabajo, publicado en la revista científica PLOS One, revela también que los casamientos cohesionan y dan resiliencia a este sindicato del crimen.
La ‘Ndrangheta es una de las principales organizaciones criminales del planeta. Nacida en el siglo XIX de entre familias ya poderosas que se dedicaban al contrabando y al robo de cabras y ovejas en la paupérrima región de Calabria, en el sur de Italia, hoy está presente en todo el mundo, y domina, por ejemplo, el tráfico internacional de cocaína. A diferencia de otras mafias de origen italiano, como la Cosa Nostra siciliana o la Camorra napolitana, la organización descansa sobre los lazos de sangre que existen entre sus miembros, siendo los clanes familiares (las ‘ndrine), las unidades básicas en la estructura.







